CRÓNICAS PÉSICAS Pedro V. Álvarez Collar
Aires de fiesta

Cuando llevamos ya más de medio verano consumido, con una climatología cada vez más rácana, y que casi nos impide distinguir entre las diferentes estaciones. Aunque por estos pagos siempre se decía que Laciana tenía dos estaciones: la de invierno y la del ferrocarril. Las fiestas de nuestros pueblos continúan con más pena que gloria reuniendo a los hijos del Valle que , por uno o por otro motivo, hubimos de abandonar nuestros orígenes. Así, ya han quedado en el Olvido San Juan en Sosas, San Pelayo en Rioscuro, San Pedro y el Carmen en Villaseca, Santiago en Caboalles de Arriba y el Villar, La Magdalena en Lumajo, y creo que no se me haya quedado ninguna en el tintero... Por llegar están, San Lorenzo en Villager, San Bartolo en Caboalles de Abajo y la fiesta de mayor del Valle (o lo debería de ser, por tratarse la de la capital de Laciana), San Roque en Villablino. Hemos notado que ciertos aires de nostalgia están surcando nuestro cielo, o así nos lo parece esta recuperación de algo tradicional como el mercado y una boda típica tscacianiega. Resulta muy agradable el ver como desde asociaciones culturales se realizan tareas de este tipo, que no se si contarán con todo el apoyo necesario desde las instituciones. De esta manera, la recuperación de los deportes autóctonos de nuestro país, y todo lo que se encamine a que nuestras tradiciones ancestrales no lleguen a perderse, nos parece el camino a seguir. Interesante e imprescindible sería el coordinar todas estas acciones altruistas, llevadas a cabo por gente que se resiste a perder sus orígenes, desde algún estamento oficial. Porque no crear un organismo dependiente del Ayuntamiento, algo así como el Instituto Leonés de Cultura, el Instituto de Estudios Bercianos, que coordine y siente las bases para que todos estos actos organizados por asociaciones sean el comienzo de algo grande. No debemos de olvidar que tenemos una lengua y unas costumbres diferentes y que todo esto debería de tratar de recuperarse antes de que sea demasiado tarde. Y no creo que el sentar las bases de todo esto necesitase de unos grandes presupuestos municipales, además podrían llegar fondos de otros organismos superiores... La idea ahí esta, ahora hay que llevarla a cabo, y pienso que el Valle de Laciana cuenta con gente capacitada para ello. Volviendo con la boda típica Santiago y Susana, recordaremos aquellos cantares de boda que cantaban nuestras abuelas al son de los pandeiros, hasta los tristes años cuarenta. Para evitar que estas joyas de la poesía del pueblo se perdieran, editaron en 1919 un libro que bajo el título de Colección de Cantares de Boda recogida en el Valle de Laciana, Babia y Alto Bierzo por Juan Alvarado y Albo, ilustre profesor que lo fue del Colegio Sierra y Pambley. Sirvan estas tres coplas como ejemplo: «Las buenas noches les damos / con el pandero en la mano / a los novios y padrinos / y a todos los invitados. Al presentarnos la luna / la noche con tanto brillo / vamos a felicitar / a los novios y padrinos. Aquí dejamos a los novios / que con lazos invisibles / unieron sus corazones / que hace poco eran libres». Y, sin ánimo de ser reiterativo, quisiera insistir en la necesidad de coordinación de todo este tipo de actos de recuperación de nuestro patrimonio cultural. No debemos de olvidar que tan solo con buenas intenciones no se llevan a cabo estos actos, por eso necesitarían de alguien que ejerza esta misión. Simplemente debe de revisarse la pureza en el vestuario y en el entorno, si intentamos dar una imagen del pasado y todo está dentro de los cánones de entonces pero alguien lleva unos playeros del año 2002, por ejemplo, estaremos echando por tierra todo el trabajo realizado. Parece que Laciana comienza las labores para reecontrarse consigo misma. Posiblemente, el pregón de fiestas que dará el próximo día 12, el amigo Roberto González - Quevedo sirva también para ello... Que así sea...