La plaza Mayor, testigo de avatares bélicos que afectaron al pueblo

Las tradiciones militares

La plaza Mayor fue escenario habitual de desfiles militares y otros actos en épocas conflictivas

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León

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En nuestro nostálgico recorrido por esta ciudad de viejos y queridos perfiles, impregnada de un atrayente olor a tiempos caducos, recordamos en días pasados ese emblema militar por excelencia de Astorga que se conserva entre algodones en el Ayuntamiento: el glorioso pendón de Clavijo que ondearan las tropas cristianas el 23 de marzo del año 844, al cargar contra un poderoso ejército sarraceno al que lograron desbaratar por completo. Tras su estela, los estudiantes del seminario crearon el Batallón Literario de Clavijo y Santiago que se alzó en armas contra los franceses durante la Guerra de la Independencia. La plaza Mayor, cuyos soportales recuerdan la estructura tradicional de los antiguos enclaves mercantiles, ha sido testigo de entrañables escenas relacionadas con emocionantes avatares militares. Vamos a viajar con la imaginación al mundo astorgano de finales del siglo XIX, concretamente a 1893. Un año aciago por múltiples razones, como por ejemplo el devastador incendio que se produjo durante el verano en la calle Torrecillas y que originó múltiples pérdidas económicas. Antes de finalizar el estío y ante la consternación general, el querido obispo don Luis Grau pasaba a mejor vida, asunto que puso una especie de velo negro sobre Astorga. En el ámbito nacional las cosas no marchaban mucho mejor, según prueban los incidentes armados que surgieron en los alrededores de Melilla, culminados con el ataque moro al fuerte de Cabrerizas Altas que se saldó con la muerte del general Margallo. Los tambores de guerra resonaron por toda la península y Astorga, naturalmente, contribuyó con su cuota de reclutas al esfuerzo patriótico general. A mediados del mes de noviembre de aquel 1893 la ciudad se vistió de gala para despedir a sus reservistas en forma «extremadamente cariñosa», además de abrir una suscripción popular que lograría recaudar una cantidad que permitió repartir 5 pesetas entre cada uno de los soldados del partido y 10 pesetas para los naturales de Astorga. El día 20 se organizó una manifestación con música y banderas para despedir a los hijos del lugar que marchaban a Melilla, resonando por todos los rincones una coplilla muy del gusto de la época: Adiós padre y adiós madre Que la suerte me ha tocado Y a pelear por España A la guerra soy llamado.

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