Diario de León
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León

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Entre los desperdicios del sebo, en el caso del gocho, o de grasa, si fuera de vaca, son tomados tres kilos (o proporciones similares) que, mezclados con tres de agua, se cuecen en la caldera que anteriormente ha servido para hervir el agua que ha quitado la piel del gocho y ha cocido las morcillas, para hacer el jabón casero que las mujeres utilizaban antaño en los lavaderos de los pueblos, en los que para lavar la ropa se llevaba una banca, cajón de madera abierto por un lado en el que se colocaban las rodillas. Lugares públicos que han sido restaurados con el fin de que nunca se pierdan, donde la ropa blanca «se frotaba sobre una piedra y, cuando estaba bien frotada, se aclaraba y se frotaba otra vez, para ponerla después al sol», relata una mujer natural de Villablino. Una vez quitada la caldera del fuego, se comienza a revolver con un palo, sin parar, siempre hacia la derecha, a la vez que se añade poco a poco un kilo de sosa y un puñado de detergente. Finalizado este proceso, y una vez que la mezcla comienza a espesar, se vierte en unos cajones de madera, donde permanecerá hasta que esté completamente duro, momento en el que se saca y corta en trozos pequeños, guardados hasta ser utilizados. Ni una parte del cerdo se desperdicia: todo sirve para algo, si no para comer, para lavar.

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