Diario de León

CRÓNICAS PÉSICAS Pedro V. Álvarez Collar

Primavera eterna

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León

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Cuando iba a escribir esta en la mañana del martes, nevaba copiosamente en el alfoz de León. Pensaba uno, si aquí por estos lares hace este tiempo de perros, con agua-nieve a raudales, viento racheado y frío abondo, ¿qué no hará allá por mi Tsaciana del alma? Frotándome las manos, más por la alegría de tener la columna medio trazada que por el frío en si, me dio por hablar con Laciana, vía telefónica y cuál sería mi sorpresa cuando me dicen que hace un sol otoñal de los que templas las almas, aquí por estos verdes valles, posiblemente preludio, que lo será, de una noche de helada, de esas que curan samartinos y hacen a la gente dormir acurrucada en la cama. Así que, medio chafada la idea, por no poder hablar de las nieves casi eternas del Cornón, de la desgracia que invierno tras invierno sufre la estación de Leitariegos, funcionando (cuando funciona, que esa es otra) a bajo rendimiento por culpa de unas mentes políticas «privilegiadas» que como ya hemos escrito y reiteramos sin cansancio, siguiendo el lema del «yo ciego, con tal de que tu no veas», continúan incurriendo en la insolidaridad. Deberían de aprender algo de las mareas negras en la Costa da Morte y de las mareas de solidarios hacia Galicia. Pero malo es pedir peras al olmo... Entonces, olvidado el socorrido tema del tiempo meteorológico. Olvidando aquello que antes se decía de que Laciana tenía dos grandes estaciones, la del invierno y la de la minero. Hoy recién comenzando el siglo XXI, apenas nos queda la del invierno. Porque aún no sabemos nada del pretendido proyecto del tren turístico Ponferrada-Villablino, que como otras tantas promesas se vienen haciendo cuando hay campaña, precampaña o precampaña de la precampaña de la campaña, o sea cuando los políticos mienten más de lo que habitualmente lo hacen, porque el olor a elecciones se palpa y los votantes, ingénuos de nosotros, comulgando con ruedas de molino nos creemos carros y carretas, todo aquello que nos echen... Pues si no nieva, si no tenemos chapapote, si posiblemente sin tardar mucho nos van a declarar reserva india, o de la biosfera, o lo que sea, si ya tenemos unas comunicaciones de primera, un hospital (al que llaman centro socio-sanitario, ahí es nada el nombrecito) que casi con toda seguridad se inaugurará en cuanto lleguen unas elecciones que echarse al cuerpo, si el Valle de Laciana es un permanente paraíso (Paraíso desconocido decía el lema de los Fernández, allá por los 90, ni tanto que era desconocido, si no llega a ser por la campaña publicitaria, que vaya si lo fue la Marcha Negra nadie conocería dónde se encuentra enclavado este Valle de Laciana), deque podemos escribir entonces los que lo hacemos si por estos lares, como digo, vivimos días de vino y rosas. Bueno, así sin pensarlo, casi sin darme cuenta, sin haber utilizado tópicos al uso, sin hablar del tiempo, ni de la copa Intercontinental, ni casi casi del hermano pueblo gallego y la que se le está viniendo encima; porque pensamos nosotros que tenemos que sufrir lumbreras políticas de agárrate, pero las que tiene el pueblo gallego son tela mariñeira, aunque claro, cada pueblo tiene lo que votan la mayoría. Esto es la democracia el gobierno de lo que votan las mayorías en contra de lo que votan las minorías... Pero como bien dice Rafael Amor, si con las votaciones se cambiase algo ya estarían prohibidas... Así que como digo, solamente con la nostalgia de saber que en estos valles brilla el sol otoñal, y aquí, donde escribo esto, sigue el agua nieve y un frío invernizo, probable preludio de lo que se nos vendrá encima sin tardar en este nuestro León; casi sin darme cuenta no me cabe más en esta columna.

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