El habitual «¡Hola, cadáver!»
O ese otro de «los provisionales son animales que nacen, crecen, se estampillan y mueren». O «la primera paga para el uniforme, la segunda para la mortaja». La gente les llamaba «angelitos al cielo», e incluso cuando dos provisionales se encontraban la calle, el saludo habitual consistía en un despreocupado «¡Hola, cadáver!». Finalizada la guerra con el triunfo de su bando, serían innumerables los actos de homenaje y confraternización que protagonizaron los alféreces provisionales a lo largo de la dilatada dictadura franquista. Así, la hermandad que agrupaba a los provisionales convocó el año 1958 y en la capital leonesa la primera asamblea desde su fundación, en los salones del Nuevo Recreo Industrial. Acudieron más de 200 compañeros, procedentes de nuestra región, y las provincias de Valladolid, Palencia y Zamora. Años más tarde, en 1972, la XV asamblea provincial de la hermandad se trasladaba a la localidad hermana de La Bañeza, reuniéndose en la escuela de formación profesional. Presidió el marqués de la Florida, presidente nacional de la agrupación, junto al teniente general Lobo Montero, en representación del ministro del Ejército. Entre otros actos y celebraciones, se impuso la estrella sobre fondo negro a varios alféreces de la Milicia Universitaria. A modo de colofón, autoridades y asambleístas se trasladaron a la calle que iba a ser nominada, a partir de aquella fecha, del Alférez Provisional. Ante la lápida, el secretario del Ayuntamiento leyó el acuerdo corporativo, mientras que el entonces alcalde bañezano, don Leandro Sarmiento, descubrió la cortinilla que tapaba la lápida, pronunciando a continuación unas vibrantes palabras. Finalmente, el gobernador civil don Luis Ameijide ofrendó un ramo de flores en el monumento a los Caídos.