Diario de León

OPINIÓN P. Albano

El nombre de El Burgo

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Decíamos ayer, o mejor, hace algunos días, que el origen del nombre Burgo Ranero, como zoónimo, podíamos defenderlo por razonamiento histórico y también por el lingüístico y gramatical. Expuesto el primero, hoy vamos con el segundo. Burgo Ranero quiere decir poblado surgido al lado de charcas, lagunillas o carrizales, donde croan, cantan o por lo menos hay y toman el sol y se hidrogenan las simpáticas ranas y ranitas de color más o menos verde, ocre o amarronado. Es lástima que con frecuencia las charcas o lagunillas duren menos que cantan ranas, porque ellas son como el tablado donde ensayan y ejecutan sus conciertos humedisecos las ranas. Esos lugares y sus habitantes decimos que suelen estar extramuros o en el burgo, términos que en muchos casos, por no decir en todos, quieren decir lo mismo. Fundados en tal equivalencia, podíamos decir que las ranas y ranitas son también burguesas. Que unas y otras -lagunillas y ranas- existieron con profusión en el contorno de Sahagún y de las Matas, es cosa sabida y vista y oída. El nombre de El Burgo es otro testimonio más de esta tradición. Cuestión lingüística Dije en otra entrega que la historia abogada por el origen zoónimo de El Burgo Ranero. Opino que también el lingüístico. Me explico: Todos conocemos nombres compuestos con el término Burgo, tan célebres como Estrasburgo, Luxemburgo, Hamburgo, Edimburgo, Johanesburgo y cien burgos más. Pero cosa curiosa y digna de tener en cuenta al tratar nuestro tema: en francés, en alemán y en inglés el complemento nominal o circunstancial se antepone al sustantivo Burgo. La traducción literal española de la construcción francesa o alemana, de admitir el origen andrónimo, nos habría dado el nombre de Rhanerburgo o también Burgo de Rhaner. Pero la historia y la tradición nos dieron El Burgo Ranero con el complemento pospuesto y además adjetivado. Podía habernos dado también El Burgo de Rhaner, como tuvimos y tenemos El Burgo de Osma, el burgo de Sahagún, el burgo de Mansilla, el Burgo Nuevo o ya saliendo fuera de las forenteas leonesas, Burgos. El nuestro fue el Burgo Ranero, como insistiendo y croando el zoónimo como si de verdaderas ranas se tratara. Los franceses tienen el vocablo faubourg, equivalente a los nuestros de barrio o extramuros y también lo hacen derivar del latín foris o foras. Al Burgo Ranero también le conviene esa etimología, pues se hallaba fuera de coto, de poblado y al margen de charcas o lagunillas raneras, es decir, fuera del primer ejemplo expuesto. Hay que ver, amable lector, la hebra que da un ovillo tan sencillo como el nombre de un pueblo. Por algo llamó Burgaleses a los revoltosos de Sahagún el Anónimo Cronista del tiempo de Doña Urraca. Pero para no enredar más la madeja, vuelvo a concluir con el cabo que comencé: que el nombre de El Burgo Ranero tiene y trae su bonito nombre zoónimo del sonoro sustantivo de rana, convertido en el sonoro compuesto de El Burgo Ranero. Escuchando el eco del nombre y del canto de los animalitos me quedo, a la vez que evoco aquel bonito cantar infantil, que irremediablemente entonábamos, miméticos, cuando a la orilla de alguna charca o lagunilla nos encontrábamos: Güí, güí, cantaba la rana / Güí güí, debajo del agua... Güó güó, cantaba el ratón / cuando el agua se secó. Que tal no suceda nunca ni en el Burgo Ranero ni en los campos del contorno, aunque no fuera más que por fiel y debido homenaje de recuerdo al pueblo que lleva su nombre, El Burgo Ranero.

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