«Desolación» entre los apicultores
El efecto de las llamas en el sector de la miel es devastador. Los apicultores piden a las administraciones «prontitud en la respuesta»

Miles de colmenas han quedado arrasadas por las llamas, lo que va a provocar un drama lagoral. En la imagen, Voces.
Los devastadores incendios que han asolado la provincia leonesa durante los últimos días han dejado ya una importante huella en la apicultura. Un panorama «desolador» que deja a no pocos apicultores al borde de la ruina.
Así lo explican desde Ucale-Coag porque, mientras los pastos pueden regenerarse con el tiempo, no ocurre lo mismo con las colmenas.
Uno de los problemas principales reside en que, mientras los brezos se regeneran un plazo de dos a cuatro años, en el sur de la provincia se trabaja con mieles de encima, de castaños o de robles que tienen un plazo mucho más largo de regeneración que puede ser de 30 o 40 años.
«Esta generación de apicultores tendrá que trabajar otro tipo de mieles como la de zarzamora», explica Nacho, de Miel Los Izanes y representante de la agrupación. Según sus estimaciones, las previsiones del sector apícola han cambiado mucho en apenas unos días. «La semana pasada hablábamos de 3.000 colmenas y un centenar de apicultores afectados por los fuegos, pero estas cifras ya se han triplicado», asegura. De hecho, hay apicultores con hasta 300 o 500 colmenas arrasadas por las llamas.
Ucale-Coag se enfoca estos días en reasentar a estos afectados en otras zonas porque «una explotación de 500 colmenas a las que se quedan solo 50 tras los incendios hay que recolocarla».
Los seguros y las ayudas de las administraciones se quedan cortas: «te ayudan, pero no te cubren todo».
La campaña está a pocas semanas de la recogida. Haciendo cálculos rápidos, si 500 colmenas dan 10.000 kilos de miel, es muchísima la que se dejará de recoger este año.
«Necesitamos respuesta de las administraciones. Hay que sacar pronto las colmenas, no podemos esperar al perito del seguro ni al veterinario. Los tiempos no son acordes a lo que está pasando».
La unión de campesinos añaden que estos días están ejerciendo mucho de psicólogos porque «más que pena, hay rabia y desamparo por verte aquí solo, y no es por falta de oxígeno, es luchar contra lo que no puedes».
Desde la Asociación Leonesa de Apicultores (ALA) la sensación no es muy distinta: «El panorama está fatal por la extensión del terreno que se ha quemado», argumenta Miguel Alonso, veterinario de la agrupación. Todavía es pronto para hacer una valoración porque no tienen aún información y los incendios no han terminado. Saben que hay muchas colmenas quemadas, pero hay otras a las que no han podido llegar aún. Las llamas no lo permiten.
«La campaña parecía que iba más o menos bien, pero ahora es mucha miel la que se ha quemado. Parecía que iba a ser prometedora, pero va a ser un desastre», añade Alonso. Según él, «el problema no es que se quemen los colmenares, porque las cajas y enjambres se pueden reponer, lo que no puede reponerse es el medio natural, que ha quedado arrasado para los próximos tres o cuatro años».
Para algunos, el devastador efecto que los incendios dejan en la provincia leonesa puede, incluso, ser la puntilla que los lleve a abandonar al sector de la apicultura.
Esta semana, habrá una reunión con la consejera de Agricultura de la Junta, María González Corral, para abordar el asunto. «La respuesta de los técnicos de la administración está siendo buena, pero necesitamos que la clase política se muestre resolutiva. No queremos que esto sea una nueva Sierra de la Culebra».