Ocho vidas perdidas en 30 años: la tragedia silenciosa de los brigadistas forestales en León
Ayer se cumplieron 25 años de la muerte de dos brigadistas en Oencia y en abril, 30 años de la de los tres forestales de Ponjos

Un helicóptero traslada los cuerpos sin vida de los brigadistas fallecidos en el año 2000 en Lusio.
Los bosques de León han sido testigos silenciosos de tragedias que han marcado la historia de la lucha contra incendios en España. Cinco personas han perdido la vida en las últimas tres décadas mientras combatían llamas provocadas intencionalmente en los montes leoneses. El patrón en estos accidentes revela una constante aterradora: el cambio brusco en la dirección del viento como factor determinante que atrapó a estos valientes trabajadores.
La provincia leonesa ha visto cómo sus brigadistas, aquellos que arriesgan sus vidas para proteger los espacios naturales, se han enfrentado a condiciones extremas que, lamentablemente, en cinco ocasiones terminaron en tragedia. Los incendios provocados siguen siendo una amenaza latente que no solo destruye ecosistemas, sino que también cobra vidas humanas, dejando un legado de dolor entre familias y compañeros. Los montes en llamas se han cobrado la vida de 207 profesionales, 48 voluntarios y 105 vecinos en los últimos 50 años en España.
La lucha contra el fuego en los montes de León ha estado marcada por el sacrificio de estos profesionales que, equipados con herramientas básicas y mucho coraje, se adentran en terrenos escarpados para contener las llamas. Sus historias, aunque trágicas, recuerdan la importancia de valorar el trabajo de quienes protegen nuestro patrimonio natural a costa incluso de su propia vida.
El 21 de abril de 1995, un día que quedó grabado en la memoria colectiva de León, tres trabajadores forestales perdieron la vida en Ponjos, localidad cercana a Valdesamario. Isabel González Quiñones (49 años), Ana Esther Dávila Díez (26 años) y Benigno Isidoro García Fernández (22 años) murieron asfixiados mientras participaban en labores de extinción cuando el viento cambió bruscamente de dirección, dejándolos atrapados entre las llamas.
Este incendio, que ya había arrasado 200 hectáreas de monte bajo el día anterior, se reactivó debido a "desfavorables condiciones meteorológicas", según informó entonces la Consejería de Medio Ambiente. Los fallecidos, trabajadores de la empresa Emelesa contratada por la Junta de Castilla y León, se encontraban en una vaguada de brezo y roble cuando quedaron cercados por el fuego. Un cuarto trabajador, Benigno González Llamazares, pudo ser rescatado con vida aunque sufrió quemaduras en el 50% de su cuerpo.
"Aquello ardía como gasolina", describió en su día Teodorino Suárez, dueño de Emelesa, para explicar la intensidad del fuego que acabó con la vida de tres personas experimentadas en la extinción de incendios. La autopsia confirmó que la muerte se produjo por asfixia en los tres casos. Las autoridades confirmaron el carácter provocado del incendio, iniciando un dispositivo para detener a los responsables.
Cinco años después, el 15 de agosto de 2000, la tragedia volvió a golpear a los brigadistas leoneses. Fidel Brañas Barredo y Manuel García García fallecieron mientras combatían un incendio en los montes de Arnado y Lusio, en el municipio de Oencia. Ambos pertenecían a una brigada con base en Villafranca del Bierzo y fueron sorprendidos por un repentino golpe de viento que cambió la dirección de las llamas, dejándolos sin posibilidad de escapar.
Los fallecidos, con edades entre 25 y 35 años, formaban parte de la empresa "O Couto Forestal", contratada por el Consejo del Bierzo para la campaña antiincendios de la Junta de Castilla y León. Según los testigos, el incendio no presentaba inicialmente un riesgo elevado, pero todo cambió en cuestión de segundos cuando el viento modificó la trayectoria del fuego, atrapando a los dos operarios en una vaguada a 1.200 metros de altitud.
Un tercer brigadista, Julio G.B., de 30 años, resultó herido leve en una pierna y pudo ser evacuado al Hospital del Bierzo en Ponferrada. Las labores de rescate de los cuerpos se prolongaron durante horas debido a la dificultad del terreno y la altitud.
Analizando ambos sucesos, separados por cinco años, se observan patrones alarmantes. En ambos casos, los incendios fueron intencionados y los fallecimientos ocurrieron por cambios repentinos en la dirección del viento. Las autoridades siempre se mostraron consternadas, pero las medidas preventivas no parecieron ser suficientes para evitar nuevas tragedias.
En ambas tragedias, las autoridades prometieron intensificar la búsqueda de los responsables de los incendios provocados. El delegado del Gobierno en Castilla y León en 1995, Carlos Conde Duque, dio órdenes a las Fuerzas de Seguridad para actuar con rapidez en la detención de los culpables, mientras que en 2000, el responsable de Medio Ambiente del Consejo Comarcal del Bierzo denunció que el 80% de los incendios en la comarca eran intencionados.
A 30 años de la primera tragedia, los incendios provocados siguen siendo una realidad en los montes españoles. Los expertos en prevención de incendios forestales señalan que la falta de medidas efectivas contra los incendiarios continúa poniendo en riesgo las vidas de brigadistas y el patrimonio natural de España. A ellos, este verano hay que sumar la trágica muerte de tres voluntarios, dos en la Valdería y otro en el Bierzo. Además, hay un militar de Astorga herido grave tras un accidente ocurrido en Ourense durante las labores de extinción.

Paisaje de Ponjos, donde murieron tres brigadistas en 1995

Juicio contra el autor del incendio de Ponjos

Funeral por los brigadistas muertos en Ponjos

Un helicóptero se lleva los cadáveres de los brigadistas muertos en Oencia en 2000
