Diario de León

CONFERENCIA

La ofensiva de Soria, Cuenca y Teruel para frenar la despoblación desde Europa

Durante décadas, la despoblación fue un tema que apenas ocupaba titulares. En Soria, sin embargo, era una realidad cotidiana. En 60 años, la provincia había perdido casi la mitad de sus habitantes —un 45%— y su tejido empresarial se vio lastrado por la escasez de mano de obra, con un déficit estructural de entre 2.000 y 3.100 trabajadores. Pero lo que comenzó como un lamento acabó convirtiéndose en un movimiento de alcance europeo.

Marián Fernández, directora general de la Federación de Organizaciones Empresariales Sorianas.

Marián Fernández, directora general de la Federación de Organizaciones Empresariales Sorianas.RAMIRO

Publicado por
CRISTINA FANJUL
León

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Marián Fernández, directora general de la Federación de Organizaciones Empresariales Sorianas (FOES), ofreció una conferencia en el Congreso de Despoblación de Diario de León en la que desveló los secretos de la Red de Áreas Escasamente Pobladas del Sur de Europa. “Sabíamos que Europa protegía a las regiones desfavorecidas, pero no sabíamos cómo hacerlo ni por dónde empezar.”

Inspirados por los tratados de Suecia y Finlandia que reconocían las zonas escasamente pobladas —aquellas con menos de 12 habitantes por kilómetro cuadrado—, el empresariado soriano comenzó a mirar hacia Europa. Pronto detectaron que Teruel y Cuenca compartían el mismo destino. Juntos sumaban apenas 340.000 habitantes, pero también un propósito común: lograr que Bruselas reconociera la desventaja estructural de sus territorios.

En 2013, cuando la despoblación aún no había entrado en la agenda política española, las tres provincias empezaron a dar a conocer su situación. “Solo existía la queja”, recuerda Fernández. “Tuvimos reuniones con políticos, universidades, comunidades autónomas... y salíamos decepcionados”.

El punto de inflexión llegó en 2017, con la creación de la primera Comisionada para el Reto Demográfico en España. Ese mismo año, las tres provincias decidieron dar un paso más y constituirse como lobby en Bruselas. Nacía así la Red de Áreas Escasamente Pobladas del Sur de Europa, junto a territorios de Grecia y Croacia, para contrarrestar la influencia de los países del norte que ya gozaban de medidas de apoyo similares.

La inspiración llegó desde las Highlands escocesas, una región que en los años cincuenta sufría un proceso de despoblación parecido. En medio siglo, Escocia logró revertir la tendencia y aumentar su población un 22% mediante un plan integral que combinó conectividad, educación, vivienda asequible, servicios básicos y atracción de talento. “Vimos que frenar la despoblación era posible, pero solo si se abordaba de forma holística”, explica Fernández.

A partir de ahí, tejieron una red con socios del norte —en Suecia, Noruega y Finlandia—, donde las empresas ubicadas en zonas rurales reciben ayudas de Estado para compensar los sobrecostes de operar lejos de los grandes centros. Inspirados por ese modelo, elaboraron informes y propuestas fiscales adaptadas al contexto del sur. “Cambiamos el relato: dejamos de hablar del problema y empezamos a hablar de soluciones”, resume Fernández.

De Bruselas a Madrid

El trabajo del lobby comenzó a dar resultados. La Comisión Europea los recibió en varias ocasiones —los funcionarios están obligados por normativa a atender a representantes acreditados— y la despoblación comenzó a abrirse paso en la agenda europea. Se aprobaron análisis comparativos con el norte y el Senado español debatió una proposición no de ley para actuar en las tres provincias. El verdadero hito llegó en 2021, cuando la Unión Europea reconoció el derecho de las provincias del sur de Europa a recibir ayudas de Estado. Un año después, el Gobierno español incorporó oficialmente estas ayudas para Soria, Cuenca y Teruel. “Habíamos ganado una batalla en Bruselas, pero aún nos quedaba España”, recuerda Fernández.

Hoy, el llamado modelo sur se estudia en instituciones europeas como un ejemplo de cooperación territorial desde la periferia. Las tres provincias trabajan en proyectos para atraer talento y facilitar el retorno de profesionales que emigraron. También han desarrollado informes que cuantifican —en 17 parámetros económicos— lo que supone vivir en zonas con menos presión urbanística y mejor calidad ambiental. “Vivir fuera de Madrid o Barcelona tiene un valor que no habíamos sabido contar”, reflexiona Fernández. “Por eso decimos que necesitamos una política diferente para los territorios despoblados.”

Pese a los avances, el contexto actual añade incertidumbre. La guerra en Ucrania, la tensión comercial y el giro económico europeo hacia la competitividad industrial han relegado las políticas demográficas a un segundo plano. “Cada vez hay más piedras en el camino”, admite Fernández. “Pero sabemos que no es imposible. Ya hemos demostrado que se puede avanzar.”

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