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Mario Amilivia: "Un León da zarpazos, no se pierde en discursos"

El presidente del Consejo de Cuentas, Mario Amilivia, realizó un diagnóstico sobre las claves con las que la provincia debe iniciar su camino hacia el crecimiento al tiempo que lamentaba cómo en los últimos años, León ha sido presa del conformismo, el victimismo y la resignación. "Hay discursos que solo son propaganda" dijo.

El presidente de Cuentas, Mario Amilivia

El presidente de Cuentas, Mario AmiliviaRAMIRO

Publicado por
Cristina Fanjul
León

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El presidente del Consejo de Cuentas de Castilla y León, Mario Amilivia, defendió que gran parte de la culpa de la situación de León la tienen los propios leoneses. "Un León da zarpazos", defendió al tiempo que lamentaba que la provincia ha adoptado un papel de conformismo, victimismo y resignación, al tiempo que defendía que hay discursos que se convierten en "propaganda".

Amilivia comenzó su discurso con las cifras de la despoblación.  "En los últimos años, Castilla y León ha perdido 250.000 habitantes, y León —una de sus provincias más castigadas— ha visto marcharse alrededor de 50.000 personas, un 11,8% de su población". El presidente del Consejo de Cuentas manifestó que las causas hay que buscarlas en la crisis financiera y en el derrumbe de la minería, "La pérdida de actividad económica lleva a la pérdida de población”, resume, “y además se produce con asimetría: no todos los territorios sufren igual”.

Pero Amilivia se resiste al fatalismo: “¿Estamos condenados irremediablemente? No. Si hay actividad económica, habrá ganancia de población”, dice con la serenidad de quien lleva décadas viendo cómo las políticas se repiten y los resultados no cambian.

El político considera que el problema no es solo económico, sino de coordinación. “No hay consenso entre administraciones ni un plan concertado. En el ámbito local, los ayuntamientos adolecen de planes. ¿Qué ayuntamiento tiene un concejal contra la despoblación?”, se pregunta.

El conformismo como enemigo

Más allá de las cifras, Amilivia apunta a algo más profundo: una cierta apatía colectiva. “León adolece de victimismo, de resignación, de conformismo. No hay reivindicación”, lamenta. Su diagnóstico es claro: sin exigencia social, no habrá reacción política. “Un León que da zarpazos y reivindica no existe”, sentencia. Y lo cierto es que esa falta de empuje contrasta con la historia de una tierra que en otro tiempo fue motor del noroeste. Hoy, sin embargo, el peso de la despoblación y la falta de oportunidades ahogan el impulso.

Castilla y León, recuerda Amilivia, mantiene los servicios públicos esenciales —sanidad, educación, servicios sociales— en todo su territorio. Pero eso, advierte, no es suficiente. “La existencia de servicios no crea población. Es una obligación legal, pero no genera desarrollo”.

La clave, sostiene, está en crear condiciones económicas: en generar empleo, industria y proyectos que fijen población. Y ahí entra en juego la ordenación del territorio y la comarcalización. “Hay que crear condiciones económicas con la comarcalización”, explica. Cita el ejemplo de Valencia de Don Juan, que ha logrado convertirse en un centro comarcal con vida y actividad. “Solo se puede crear empleo mediante planes piloto orientados a un territorio que generen actividad económica. No se puede hacer lo mismo en todos los sitios”, apunta.

Amilivia no se queda en la teoría. Recuerda proyectos que en su momento pretendieron ser motores: el parque tecnológico, el polígono industrial de Onzonilla, el Musac... “Pero veinte años después —admite— León no tiene nuevos parques industriales ni más suelo para atraer empresas. No podemos pensar que las empresas van a aparecer de la nada.”

Tampoco cree en promesas huecas. “No se puede crear frustración con Torneros. Hay cosas que no se pueden tomar en broma”, advierte, en alusión al proyecto logístico eternamente pendiente y del que el PSOE lanza de manera sistemática anuncios que nunca se materializan.

La despoblación, subraya, también se explica por un modelo de financiación autonómica que no responde a la realidad. Cuando Castilla y León aprobó su Estatuto, se estableció que la financiación debía ponderar la dispersión y la despoblación. "Pero la práctica, denuncia, ha sido otra". “La comunidad tenía en 2004 una deuda de 1.400 millones. Ahora, 13.000. Y sufre una infrafinanciación de más de 5.000 millones de euros”, apunta. El 84% del presupuesto autonómico se dedica a educación, sanidad, servicios sociales y amortización de la deuda. “Eso deja poco margen para la inversión y la creación de riqueza. El modelo es inelástico", denuncia. Por ello, propone una revisión del sistema que reconozca el coste real de prestar servicios en territorios despoblados y envejecidos.

Amilivia deja clara una idea: León necesita recuperar la reivindicación y la confianza. “Hemos sufrido una doble crisis económica y merecemos un trato diferenciado por parte de todas las administraciones”, insiste al tiempo que exige dejar atrás los eternos anuncios: “No se puede seguir hablando de la segunda fase de San Marcos, de Torneros o del Emperador cerrado".

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