Los apicultores de Castilla y León pueden optar a ayudas por 2,92 millones

Un apicultor con sus colmenas en una finca de León.
Desde este martes y hasta el 10 de junio los apicultores de Castilla y León con más de 150 colmenas podrán optar a las ayudas de la comunidad de 2,92 millones para la campaña apícola de este 2026, dirigida a impulsar la competitividad del sector, mejorar la producción y reforzar la protección de la biodiversidad.
El boletín oficial de la comunidad, el Bocyl, publica este lunes la convocatoria de las ayudas, en el marco del Plan Estratégico de la PAC 2023-2027, y que abarca el periodo entre el 1 de agosto de 2025 y el 31 de julio de 2026, dirigida a titulares de explotaciones apícolas, cooperativas y organizaciones representativas del sector.
Estas ayudas buscan mejorar las condiciones de producción y comercialización de la miel y otros productos apícolas, así como fomentar la modernización, la innovación y la adaptación del sector a los retos del cambio climático, al tiempo que refuerzan el papel de la apicultura en la conservación de los ecosistemas.
La convocatoria llega en un momento de especial preocupación en el sector, ante el progresivo deterioro de la función polinizadora de las abejas, un servicio ecológico esencial del que depende más del 60% de los alimentos que se consumen.
Los apicultores advierten de que esta actividad clave está siendo diezmada en los últimos años por una combinación de factores que comprometen tanto la supervivencia de las colmenas como la viabilidad de las explotaciones.
Entre ellos destaca el éxodo rural, que dificulta el relevo generacional y provoca el abandono de colmenares, así como la proliferación de enfermedades que afectan a las abejas, especialmente la varroosis.
A estos problemas se suma el impacto creciente de los incendios forestales, que en los últimos veranos han arrasado colmenares enteros y han destruido extensas superficies de flora melífera, reduciendo drásticamente los recursos naturales de los que dependen las abejas.
Esta situación no solo pone en riesgo la continuidad de la actividad apícola, sino que también supone una amenaza para la biodiversidad y el equilibrio de los sistemas agrarios.