Los vaqueros de alzada reviven la trashumancia
Casi cien personas revivieron este fin de semana la antigua ruta ganadera entre Asturias y Torrestío

Uns 90 personas, entre descendientes, amigos y conocidos de los vaqueros de alzada de Asturias, participaron este fin de semana en una ruta conmemorativa para revivir la antigua trashumancia que cada primavera llevaba a sus antepasados hasta el pueblo leonés de Torrestío.
La expedición se realizó a caballo, en coche y también a pie, siguiendo parte de los caminos históricos que durante siglos recorrieron las familias vaqueras junto a sus ganados. La ruta comenzó el sábado en la localidad asturiana de Luanco y continuó por Bides, parroquia donde todavía cinco familias mantienen viva la tradición trashumante hacia Torrestío. Desde allí, los participantes atravesaron Trubia, Proaza, Quirós y Teverga, donde hicieron noche.
Ya el domingo, la comitiva retomó el recorrido hacia Puerto Ventana y posteriormente descendió hasta Torrestío, en la comarca leonesa de Babia, donde se celebró una comida de hermandad que puso fin a la conmemoración.
Esta iniciativa nació en 2014 gracias al impulso del entonces alcalde de San Emiliano, Basilio Barriada, la alcaldesa de Las Regueras, Maribel Méndez; y María Teresa Rodríguez, integrante de una antigua familia vaquera y posterior presidenta de la Asociación Ruta Vaqueros de Alzada de Torrestío (Ruvat). El objetivo era recuperar y poner en valor la histórica trashumancia entre Torrestío y las denominadas «marinas» asturianas, zonas próximas al mar con un clima más benigno donde el ganado pasaba el invierno.
A través de estas rutas, la asociación ha logrado además recuperar y promocionar varios itinerarios históricos de montaña utilizados por los vaqueros de alzada, entre ellos el que cruza Quirós, el que coincide parcialmente con la Calzada de la Mesa, la ruta entre Teverga y Puerto Ventana y el camino que atraviesa La Focella y el alto de Las Navariegas hasta descender a Torrestío.
Coincidiendo con esta nueva edición de la ruta, Ruval acaba de publicar el libro «La Alzada de Torrestío donde humanos y ganado dejaron huella», una recopilación de testimonios, historias y vivencias de los protagonistas de estas travesías tradicionales.
Las familias vaqueras realizaban cada primavera un viaje de dos o tres días hasta Torrestío acompañadas de sus animales y pertenencias. Allí permanecían hasta la llegada de las primeras nieves del otoño. Durante el trayecto descansaban en lugares heredados de generación en generación: casas de familiares, terrenos comunales, capillas o refugios improvisados junto a los caminos.
El transporte de los enseres se realizaba mediante caballos, mulas o pollinos y, en ocasiones, incluso sobre la denominada «vaca noble», donde podían llegar a colocarse cestas, herramientas o improvisadas cunas para transportar a los bebés de la familia.
Torrestío, que fue concejo independiente hasta mediados del siglo XIX, vivió históricamente marcado por la trashumancia, la ganadería y una agricultura de subsistencia adaptada al duro clima de montaña.

Los vaqueros de alzada reviven la trashumancia

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