La farmacia rural en León, un salvavidas sanitario frente a la falta de medios y la despoblación: "El trabajo es muy bonito y gratificante, pero muy esclavo"
Los 149 locales repartidos por la provincia garantizan una atención de proximidad

Victoria Espinete y Marcos Fernández son los farmacéuticos de Sabero.
En muchos pueblos de León, la farmacia es mucho más que el lugar donde se recoge un medicamento. Es la consulta a la que se acude sin cita, el profesional que explica cómo tomar un tratamiento, el apoyo para una persona mayor que vive sola y, en ocasiones, el único recurso sanitario permanente al que los vecinos pueden acceder sin desplazarse. Una realidad que el Consejo Autonómico de Colegios Oficiales de Farmacéuticos de Castilla y León (Concyl) quiere poner de relieve con la campaña «Farmacia rural. Mucho más que cohesión rural».
La provincia de León cuenta con 149 farmacias rurales y 21 botiquines, una de las redes más extensas de la Comunidad, en un territorio marcado por la dispersión y el envejecimiento. Detrás de esas cifras hay profesionales que han convertido la cercanía y el conocimiento de sus pacientes en una parte esencial de su trabajo.
Es lo que ocurre en Sabero, donde Victoria Espinete y Marcos Fernández decidieron asumir la farmacia del municipio después de permanecer cerrada durante algo más de un año tras el fallecimiento de su anterior titular. Llegaron sin experiencia previa en el mundo rural y sin conocer el municipio. Meses después, su farmacia se ha convertido en un punto de referencia para los vecinos.
Victoria Espinete explica que la primera característica que define su trabajo es precisamente la proximidad. «La farmacia rural la consideramos un servicio sanitario de primera mano, ya que es el más cercano en el Valle de Sabero para nuestros vecinos», señala.
Una cercanía que cobra todavía mayor importancia cuando los horarios de otros recursos sanitarios son limitados. «El Centro de Salud tiene un horario limitado, hay días que solo viene el médico dos horas o días que no viene. Sin embargo, en la farmacia puede acudir cualquier vecino en un horario amplio y sale con las dudas resueltas», explica.
La atención diaria permite además conocer al paciente de una manera difícil de conseguir en otros ámbitos. «Como al final ya conocemos a todo el mundo, sus necesidades y situación sanitaria, de forma individual, sus situaciones familiares, etcétera, es un trato muchísimo más cercano, forjando una relación personalizada día a día, semana a semana y mes a mes, y más estable», apunta Espinete.
En Sabero han reforzado esa dimensión asistencial. «Intentamos enfocar mucho no solo la dispensación de medicamentos, sino el consejo farmacéutico acompañado a ese medicamento u otro producto que pueda mejorar la vida y la calidad de los pacientes», explica la farmacéutica. Entre los servicios que prestan se encuentra la preparación de sistemas personalizados de dosificación para personas que necesitan ayuda para organizar sus tratamientos, dentro del proyecto «Filandón», financiado por la Diputación de León. También mantienen contacto con la ATS y el médico para ofrecer una atención más personalizada.
Por eso, Espinete considera fundamental que se reconozca el papel de estas oficinas. «Es un servicio esencial para todos los pueblos que cuentan con ella y sirve para fijar población y que la gente mayor no tenga que abandonar los pueblos», sostiene.
Mantener una farmacia abierta en un pequeño municipio también implica dificultades. Una de las principales tiene que ver con las guardias, que en Sabero pueden suponer 24 horas durante una semana completa. «Muy importantes son las guardias que hacemos, que son 24 horas y una semana seguida, lo que supone un pequeño esfuerzo para nuestras vidas privadas, al tener que estar sujetos dos personas», explica.
Una exigencia que, a su juicio, también ayuda a entender por qué resulta complicado atraer profesionales hacia las oficinas rurales. «El trabajo es muy bonito y gratificante, pero muchos profesionales se echan para atrás y no acuden a las farmacias rurales porque son muy esclavas», advierte. Por eso reclama que la reivindicación incluya también las condiciones de quienes mantienen estos servicios abiertos. «Si el Colegio de Farmacéuticos quiere dar visibilidad, que también reivindique esto, que hay que hacerlo de otra manera», apunta.
En Sahagún, la realidad muestra otra dimensión de la farmacia rural. El municipio cuenta con tres oficinas que se turnan las guardias y atienden no solo a los vecinos de la localidad, sino a buena parte de la comarca. Víctor Manuel Fernández Maraña, titular de una de ellas, explica que su farmacia tiene además un importante componente ligado al Camino de Santiago. «Atendemos a la gente de casi toda la comarca y, en mi caso particular, por situación, atendemos muchos peregrinos del Camino de Santiago», señala.

Víctor Manuel Fernández Maraña es titular de una de las tres farmacias de Sahagún.
Durante el verano se incrementa también la llegada de visitantes procedentes de otras comunidades, lo que introduce nuevos problemas, especialmente relacionados con la receta electrónica. «Nos dan algunos problemas con la receta electrónica», reconoce. En estos casos, la coordinación con el centro de salud resulta fundamental. «Tenemos buena relación con el centro de salud. Si hay algún problema con las recetas de la gente de otras comunidades, nos ayudan bastante a solucionarles el problema», explica.
En Sahagún, las tres farmacias se turnan las guardias y las noches se coordinan también con establecimientos de Saldaña y Carrión. Un sistema que busca garantizar la asistencia y, al mismo tiempo, permitir el descanso de los profesionales. «Es una decisión de la Junta de Castilla y León, también para conciliar un poco y darnos descanso, porque al final en verano sí que hay más movimiento de gente en la noche», explica Fernández Maraña.