Diario de León

El pasado de Castrotierra cobra vida

Un vecino transforma su colección de objetos, fotografías y documentos antiguos en un museo

Algunos de los objetos recopilados en esta peculiar muestra.

Algunos de los objetos recopilados en esta peculiar muestra.Acacio

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Sahagún

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Hay objetos que dejan de ser simples trastos cuando alguien se detiene a escuchar lo que cuentan. Eso es lo que ocurre en Castrotierra de Valmadrigal, donde Miguel Ángel Castellanos Pérez, Gelín para los vecinos, ha convertido durante los últimos años una colección de recuerdos familiares y donaciones en un particular museo dedicado a la historia del pueblo.

Miguel Ángel se marchó de Castrotierra a los 18 años en busca de un futuro y pasó buena parte de su vida en Barcelona. Ya jubilado, regresó a sus raíces hace cuatro años. La pandemia fue el punto de partida del proyecto. Rodeado de tiempo y de numerosos objetos que había ido acumulando, decidió no deshacerse de ellos, sino clasificarlos y darles una segunda vida.

Fotografías, documentos, aperos y objetos cotidianos permiten hoy recorrer diferentes etapas de la vida de Castrotierra. Las paredes reúnen imágenes de las labores del campo, la escuela, las vendimias, los trajes y danzas, los actos religiosos, las reuniones en las bodegas y las tertulias de los vecinos. Son escenas que recuperan rostros y costumbres de otras épocas.

La colección documental aporta otra mirada a la historia local. Actas notariales, testamentarias y documentos de compraventas conviven con testimonios relacionados con la antigua fortaleza medieval que se levantaba sobre el cerro que domina la localidad. También las bodegas, excavadas en el terreno arcilloso, tienen su espacio en esta memoria, como lugares que todavía hoy mantienen su carácter de encuentro vecinal.

El recorrido se completa con numerosos objetos de la vida doméstica, como un carro con sus redes de acarrear, alacenas, vajillas, máquinas de coser, radios, cuentos infantiles, la Enciclopedia Álvarez y una amplia colección de prensa, entre ella ejemplares del Diario de León.

La agricultura ocupa otro de los espacios, con arados, trillos, cribas, panderos y utensilios empleados para las faenas con las caballerías. Cada pieza recuerda un tiempo marcado por el esfuerzo y el trabajo de las familias para salir adelante.

Uno de los rincones más llamativos es el antiguo horno de leña utilizado para elaborar el pan. Sobre él permanece una cruz esculpida en adobe que, según la tradición transmitida por los mayores, servía para proteger la hornada.

Para Gelín, este museo representa mucho más que una colección. Es su manera de recuperar sus raíces y compartirlas con los vecinos. También confía en que pueda convertirse en un recurso para atraer visitantes y, especialmente, acercar a los más jóvenes una historia que corre el riesgo de perderse.

Su intención es mantener el espacio abierto de forma gratuita y facilitar visitas de grupos. «Sería la mejor recompensa» a años de trabajo, explica, convencido de que recuperar la memoria también puede ser una forma de dar vida al pueblo.

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