El origen oculto de Las Cantaderas: la leyenda leonesa del tributo de las "cien doncellas" que dio pie a una de las fiestas más singulares
Los historiadores desvelan cómo la leyenda medieval del tributo de las cien doncellas se transformó en una de las ceremonias más arraigadas del otoño leonés

Celebración de la Fiesta de las Cantaderas
La historia de Las Cantaderas en León guarda uno de los secretos más fascinantes de la península ibérica. Según narra la tradición popular y recogen las crónicas históricas, el origen de esta conmemoración se remonta al infame tributo atribuido al entorno del rey Mauregato ante los emires musulmanes, el cual exigía la entrega anual de cien doncellas.
Este gravamen se convirtió en el gran símbolo de la opresión cristiana hasta que la célebre y mítica Batalla de Clavijo cambió el rumbo de los acontecimientos tras la supuesta intervención del apóstol Santiago, según relata el mito fundacional.
Toda esta narrativa dio paso a una de las tradiciones más singulares de la urbe, profundamente asentada en la identidad local. Los historiadores actuales coinciden en que, más allá de la veracidad estricta de las batallas épicas, el relato sirvió para articular la memoria colectiva y fundamentar la ceremonia civil y religiosa que acoge cada año la Catedral de León, donde la música y el recuerdo de aquellas jóvenes cobran vida.
La evolución del 'Foro u Oferta' y su debate en la actualidad leonesa
La festividad ha experimentado ajustes históricos precisos en su calendario y desarrollo hasta afianzarse en el programa oficial de León. A diferencia de su remota ubicación estival en el mes de agosto, las corporaciones fijaron en la década de mil novecientos ochenta que el rito se desarrollase el domingo anterior al cinco de octubre, como preludio a las fiestas patronales de San Froilán.
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En este ceremonial, conocido con el nombre oficial de Foro u Oferta, un grupo de jóvenes ataviadas con ropajes medievales avanza marcando el ritmo junto a la sotadera —figura tradicional que evoca a la mujer encargada de instruirlas en las costumbres musulmanas— para dirigirse al claustro catedralicio.
Allí tiene lugar el aspecto más relevante de la jornada: un animado enfrentamiento dialéctico entre el síndico municipal y un representante del Cabildo Catedralicio. Ambos debaten agriamente si el acto responde a una obligación histórica impositiva o a una donación voluntaria por parte de la ciudad.
Las investigaciones historiográficas más recientes priorizan el análisis de este valioso patrimonio inmaterial, consolidando a la capital leonesa como un referente ineludible de la etnografía urbana y el folclore vivo español.
Asimismo, el enorme valor patrimonial de esta puesta en escena trasciende lo puramente folclórico para convertirse en un importante motor turístico y de cohesión identitaria en toda la provincia. El colorido de la indumentaria tradicional, los bailes de origen ancestral al son de la dulzaina y la implicación vecinal han llevado a que instituciones autonómicas impulsen la protección de esta festividad dentro del catálogo de Bienes de Interés Cultural inmaterial.
De este modo, la capital leonesa no solo rinde tributo a su legado altomedieval, sino que proyecta hacia el futuro una celebración única que combina la ironía institucional del debate catedralicio con la memoria viva de las mujeres que componen su célebre historia.