Diario de León

Mesa redonda

Los regadíos reclaman más rentabilidad y agroindustria para fijar población en León

Los representantes de las comunidades de regantes defienden la modernización, pero advierten de que hacen falta servicios, apoyo a los jóvenes y nuevas industrias para garantizar el futuro del campo

Manuel Mantecón, Ana Gil, Herminio Medina y Luis Javier Jáñez, en la mesa redonda sobre regadíos celebrada este miércoles.

Manuel Mantecón, Ana Gil, Herminio Medina y Luis Javier Jáñez, en la mesa redonda sobre regadíos celebrada este miércoles.RAMIRO

María Carnero
León

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La modernización de los regadíos ha permitido mejorar la productividad y la capacidad de las explotaciones agrarias leonesas, pero no es suficiente para frenar la despoblación si no va acompañada de rentabilidad, servicios y oportunidades laborales. Esta fue una de las principales conclusiones de la mesa redonda «Regadíos: invertir en regadíos es invertir en futuro», celebrada en la segunda jornada del Congreso sobre Despoblación organizado por Diario de León, en la que participaron Herminio Medina, presidente de la Comunidad del Páramo Bajo de León y Zamora; Luis Javier Jáñez, presidente de la Junta de Gobierno de la Comunidad de Regantes de Villadangos, y Manuel Mantecón, secretario del Sindicato Central de los Barrios de Luna.

Los tres coincidieron en la importancia del regadío para sostener la actividad económica del medio rural, aunque pusieron el acento en diferentes obstáculos que amenazan su continuidad. La falta de rentabilidad, el encarecimiento de los costes, la escasez de mano de obra y la necesidad de impulsar la transformación agroindustrial son algunos de los retos pendientes para que la modernización se traduzca también en empleo y población.

Medina reclamó un mayor compromiso de las administraciones con los agricultores, especialmente con los jóvenes que quieren desarrollar su proyecto de vida en los pueblos. A su juicio, el esfuerzo inversor que han asumido las comunidades de regantes no está teniendo el respaldo suficiente y es necesario facilitar el acceso a la vivienda rural para que quienes trabajan en el campo puedan residir también en él. «No me vale que trabajen en la agricultura y vivan en León, tienen que estar en los pueblos», defendió, al tiempo que reclamó subvenciones para construir viviendas que favorezcan el asentamiento de las nuevas generaciones.

El presidente del Páramo Bajo también advirtió de las dificultades económicas que afronta su comunidad por los costes energéticos y de mantenimiento vinculados al sistema de abastecimiento de agua desde Riaño. Según explicó, la comunidad ha recurrido al Tribunal Supremo para intentar revertir una situación que considera insostenible. «Si no nos dan la razón, nos vamos al garete 37 pueblos y mil jóvenes que se tendrán que marchar, porque no pueden asumir este gasto», alertó.

Más allá de las infraestructuras, Medina defendió la necesidad de mejorar la comercialización de los productos leoneses y reforzar el cooperativismo. «Sabemos producir, pero no sabemos vender. Necesitamos más cooperativas, no podemos ir individualmente», señaló. También reclamó que los consumidores apuesten por los alimentos de proximidad y recordó que los productores españoles afrontan exigencias y trámites que, a su juicio, no siempre se aplican en las mismas condiciones a los productos importados.

Por su parte, Luis Javier Jáñez destacó que la modernización de los regadíos y la digitalización de las explotaciones han abierto una nueva etapa para el campo, al facilitar el trabajo y mejorar la capacidad productiva. Sin embargo, alertó de que el incremento de los tipos de interés y de los costes de producción, unido a unos precios que no garantizan siempre los márgenes necesarios, dificulta las inversiones y el relevo generacional.

«Sin el regadío no hay futuro en el campo», afirmó, aunque insistió en que la viabilidad de las explotaciones depende también de la rentabilidad y de que los pueblos cuenten con servicios básicos. Para Jáñez, la continuidad del medio rural requiere voluntad política, pero también actividad industrial capaz de transformar las materias primas y generar valor añadido en el territorio.

En este sentido, lamentó la desaparición de las fábricas azucareras de la provincia, que ha repercutido en el cultivo de la remolacha, y advirtió de la dependencia que sufren los productores de maíz respecto a los almacenistas a la hora de vender sus cosechas. Frente a esta situación, defendió la diversificación agrícola y la apertura de las puertas a nuevas industrias. «Tenemos unas grandes bodegas, una gran gastronomía, clima, agua, sol… Podemos poner lo que queremos, pistacho, frutas, productos hortícolas», apuntó.

Jáñez también puso en valor el papel de las mujeres en la supervivencia de los pueblos, al considerar que han sostenido buena parte de la vida cotidiana mientras los agricultores dedicaban largas jornadas al trabajo en las explotaciones. Pese a los avances tecnológicos, advirtió de que emprender hoy una explotación desde cero resulta prácticamente inalcanzable para muchos jóvenes. «Necesitas por lo menos dos millones de euros para empezar a trabajar», aseguró.

Una visión más pragmática sobre el alcance de estas inversiones aportó Manuel Mantecón, quien consideró que el regadío ha contribuido a evitar que la despoblación alcance dimensiones todavía mayores, aunque no puede revertir por sí solo décadas de pérdida de habitantes. Recordó que León llegó a rondar los 600.000 habitantes en los años sesenta y sostuvo que el objetivo actual debe ser aprovechar los recursos disponibles para mantener la actividad y crear nuevas oportunidades en el territorio.

«La agricultura ha hecho su trabajo, que es apuntarse a todas las revoluciones», afirmó, en referencia a la concentración parcelaria y a la modernización de los regadíos. Estas transformaciones han permitido trabajar más superficie con menos agricultores y aumentar la capacidad productiva, pero Mantecón incidió en que el futuro de los pueblos depende también de disponer de escuelas, farmacias y centros de salud. «Lo importante es tener servicios», resumió.

El secretario del Sindicato Central de los Barrios de Luna defendió, además, la posibilidad de introducir nuevos cultivos en parte de las 160.000 hectáreas de regadío de la provincia, de las que unas 46.000 corresponden a los tres páramos y ya están modernizadas. A su entender, diversificar la producción y atraer o promover industrias agroalimentarias permitiría generar empleo y fijar población, aunque reconoció que la falta de terrenos disponibles limita la implantación de algunas alternativas.

Mantecón también puso el foco en la dificultad de competir con productos procedentes de otros países, especialmente cuando el consumidor prioriza el precio sobre la calidad. Por ello, reclamó una mayor implicación en la compra de alimentos locales y coherencia entre el reconocimiento de la producción leonesa y las decisiones de consumo.

Los tres participantes coincidieron así en que el regadío constituye una herramienta fundamental para el futuro de la provincia, pero necesita medidas complementarias que garanticen la rentabilidad de las explotaciones, impulsen la agroindustria y faciliten la vida de quienes quieren quedarse en los pueblos. La modernización ha mejorado la capacidad de producir; el desafío ahora es conseguir que esa riqueza se traduzca también en empleo, oportunidades y población.

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