El clima y los altos costes ponen en apuros al sector apícola leonés
Ucale-Coag dice que el sector está en «un colapso productivo y financiero sin precedentes»
León tiene alrededor de 74.000 colmenas repartidas en cerca de mil explotaciones. Esteban García coloca un sistema de protección contra osos en uno de sus colmenares.
La apicultura leonesa no atraviesa un buen momento. Al menos así se desprende del último informe técnico del sector elaborado por Ucale-Coag, que señala que la actividad «se enfrenta a un colapso productivo y financiero sin precedentes debido a una destructiva combinación de factores climáticos, sanitarios y estructurales» y que analiza el panorama que deja la campaña apícola de este 2026.
De hecho, y según el mismo documento, la producción de este año ha descendido un 73%, con unos rendimientos que se desplomaron de los 25 kilos por colmena a apenas seis. En total, 500 toneladas de producción de una actividad que es importante en la provincia y cuyo valor ecosistémico es especialmente relevante.
Es por eso por lo que la organización agraria ha pedido a las administraciones «ayudas extraordinarias y urgentes» para el sector apícola de la provincia, que cuenta con 74.000 colmenas repartidas en alrededor de mil explotaciones, lo que supone cerca del 17% del total de las que hay en Castilla y León. Además, las casi 170 explotaciones profesionales leonesas suponen una cuarta parte de todos los profesionales de la comunidad autóoma. Unas colmenas que ofrecen, en una campaña normal, entre 1.800 y 1.900 toneladas de producción de miel al año, tal y como apunta el informe de la organización agraria. De ahí, a las 500 toneladas actuales.
Operar a pérdidas
El descalabro no es menor porque Ucale-Coag apunta a una subida de más del 200% en la partida de gastos, además de que los ingresos mínimos no cubren los costes fijos «y las explotaciones operan bajo pérdidas netas directas». Otro de los factores que ensombrecen el panorama apícola es la falta de reservas naturales de polen y miel para el invierno , «que pone en riesgo crítico la supervivencia de la campaña», ya que el envejecimiento de las abejas por el parón y esa faltad e reservas naturales para los meses de frío «auguran un aumento drástico de la mortandad».
Las cifras no son nada halagüeñas y eso se debe a varios factores: la climatología adversa, la destrución del hábitat a causa de los incendios y el desplazamiento forzado de colmenas fuera de sus emplazamientos habituales o los elevados costes que supone la alimentación complementaria como consecuencia de la climatologíae, entre otros motivos.
La subida del coste del combustible tampoco ha ayudado. Ucale-Coag apunta a más causas, aunque en su balance final asegura que el desplome de las cifras «no responde a fallos en la gestión apícola, sino a un escenario climático objetivamente adverso y desastroso», entre otros. En lo referente al clima, la organización apunta a una «pinza climática» provocada por «lluvias torrenciales y heladas primaverales que lavaron el néctar, seguidas por olas de calor extremo y una grave sequía estival que agostó prematuramente la flora melífera». A ese declive aportaron también los incendios y el estrés biológico», además de una mayor vulnerabilidad a parásitos como la varroa. Los altos costes del combustible que está poniendo contra las cuerdas al sector primario tampoco es una excepción para la apicultura. El estudio insiste en una idea clara: «nos encontramos ante un colapso productivo y estructural sin precedentes recientes» y eso por eso por lo que urge a las administraciones a actuar.
Esteban García coloca un sistema de protección contra osos en uno de sus colmenares.
«La avispa asiática es el gran problema»
Volvió a su pueblo, Brañuelas, en 2018 para hacerse cargo de 82 colmenas que tenía su padre y con ganas de volver a donde se había criado y de donde se tuvo que marchar cuando la minería llegó a su fin. El sector no era desconocido para él, pero también se ha tenido que formar para poder manejar con acierto sus once colmenares y alrededor de 500 colmenas que forman Miel de Braña. Le preocupa la velutina más que los ataques del oso, que ya ha visitado sus colmenas un par de veces en los dos últimos años.
El Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (Fapas) le ha puesto cerramientos contra el plantígrado que él se encarga de mantener, pero que le han librado en buena medida de una de las preocupaciones de los apicultores leoneses. «Con esto duermo muy tranquilo», asegura. Para un mejor control de su trabajo, tiene también un sistema de cámaras 4G para hacer un seguimiento de sus colmenas desde casa. Controlar a la avispa asiática es más complicado. Marco de control La velutina tiene una presencia aún mínima a este lado de la provincia, «pero también dijeron que no iba a extenderse a más de 900 metros de altura y aquí estamos a 1.200 y ya hay alguna» apunta. Considera, además, que ya es un gran problema en comunidades vecinas como Asturias y Galicia, donde el clima favorece más su asentamiento y que, al menos aquí, poco se está haciendo salvo algunas trampas para muestreos que «no son suficientes».
Por eso propone dar forma a «un plan autonómico que genere un marco de control» contra la avispa asiática porque, de lo contrario, «habrá explotaciones que tengan que cerrar». Reconoce este apicultor que incorporarse al sector no es difícil, aunque «los primeros años son complicados porque hay muchos gastos y tienes que hacer tu cartera de clientes». Para él, lo importante es «ser realistas, pero sin caer en el catastrofismo».