CARTA TE ESCRIBO Martín Martínez
Juguetes
Querido hermano: Me llevé la gran sorpresa. El sábado me topé con Nolete que salía de «código» de esos, parecidico a los que tú ves ahí abandonar el «corte», tapado por los paquetes, con cara de cierta mala leche, aunque el desembolso realizado no fuera excesivo. Un balón de reglamento, con firmas que parecían de los del Barcelona, un carretillo de playa con un rastrillo y dos palas, tres pelotas parecidas a las del golf, un balancín, un pequeño tobogán y una casa de muñecas. Tate, me dije, la Rosario que volvió a los treinta y notó las faltas. Me sacó de dudas mientras dábamos cuenta de un par de tintos. Nolete, como siempre en la avanzadilla. Siguiendo la costumbre, desde hace muchos años, por San Antón fue a Carral y adquirió tres gochines, dos ellas y uno él; sabes que le gusta cebarlos a modo, a su aire y que alcancen no menos de 18 arrobas. Y el hijo ese de la Gran Bretaña, el Toni que dice Nolete, se la jugó con la nueva normativa que él quiere implantar por vía d ensayo. Ni corto ni perezoso se vino a Astorga para aprovisionarse de lo más elemental para sus gochos: la casa de muñecas para ellas y el balón para el gochín , que aún no le entra lo de los juguetes unixes; él, los chicos con los chicos y las chicas con las chicas, revueltos cuando sea menester y que sea a menudo. Que no quiere que le pase al gochín lo que al Silverio -¿recuerdas?- que no necesitó salir del armario ni nada. Nolete quiere al gochín gocho, y para que no haya duda ha decidido no caparlo aunque la carne sea un poco más recia. Como consecuencia del no castrado, ha dividido la cuadra con una cancilla muy «in» dice; metálica, sin aristas para que no haya peligro de lesiones, y cada barra y poste con su color que parece un arco iris. En el huerto, cerca del espacio que tiene para la sobrinada, ha habilitado un recinto donde instalará el tobogán y el balancín, y otros adminículos con que los gochines combatan el estrés; será lugar de hozar cuanto quieran pues ha decidido no «envincarlos», que eso duele. Piensa comprar un exín castillo gigante, por partida doble, para el verano; el uno se lo pondrá a los gorrinos y el otro a los sobrinos; el primer equipo que arme el castillo será obsequiado con galletas de coco y refrescos. Así que, hermano, si quieres catar los últimos chorizos con la receta de Nolete, apura y vente un día de estos. En el próximo sanmartino no sé que pasará pero se armará la de Dios es Cristo. No estoy seguro que Nolete sea capaz de darles matarile después de tantos desvelos y cariños; que mucho me sospecho la cosa va a acabar mal cuando los sobrinos se percaten de las similitudes en el trato. ¿Cómo coños le va a meter el cuchillo, Mateo de Riego, que heredó del abuelo y tan apropiado para hacer un agujerín que ni se nota? Lo de aturdirlos es otra cosa pero no creo sea capaz; en esto tiene una maestría consumada: abre la puerta cualquiera, asoma la jeta el bicho y él, con el pico de los tueros le da un mamporro, y tieso; más rápido que lo del calambre, tú. Y calculo que ahí no quedará la cosa; supongo que los gochos, entonces bien adultos, con alguna asociación de esas que pululan, harán valer sus derechos, negándose en redondo a abandonar cubil tan espectacular, donde Nolete ha pensado hasta poner música de Café Quijano, como si estuviera en una feria promocional de la Junta. Mal comparado le puede ocurrir lo que ya está pasando con muchos políticos, cuya matanza se vislumbra para mayo; y claro, se resisten a soltar el sillón y abandonar los juguetes que disfrutaron -tal como a los gochines les costará dejar el tobogán- . Por eso ambos a una, Nolete y yo, no los gochines, nos sorprendimos cuando veíamos en el «papel» el deshoje de margarita de María Dolores Otero. A ver quien mata, digo quien vota a María Dolores con tantos juguetes como ha disfrutado. Veremos.