Diario de León

El monasterio de Sandoval evita la ruina mientras la Junta lo ignora

La sillería de la iglesia de Sandoval vuelve a su sitio después de 20 años de destierro en la sala capitular del monasterio. Las dos mil piezas de nogal se han levantado del suelo y ensamblado como por arte de magia. Pero las 1.600 cuñas de mad

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LEÓN. Ana Gaitero Redacción La nave central de la iglesia del monasterio de Santa María de Sandoval contempla, resucitada, la sillería del coro que los monjes cistercienses mandaron construir en madera de nogal en 1668. Cada sitial costó entonces 32 ducados. La sillería fue desmantelada, con el coro, en los años 80 durante una intervención en el conjunto monástico muy discutida y apenas controlada, que optó, a las bravas, por amontonar la sillería como si fuera un montón de leña para el fuego. Almacenada primero en la sala capitular del monasterio, fue la asociación Promonumenta la que la rescató en 1997 con la esperanza de que el puzzle de madera pudiera recomponerse, como se ha hecho, por fin, después de seis añios y un presupuesto de cerca de 95.000 euros, de los que los 25.000 primeros fueron aportados por Caja España y los 75.000 restantes proceden del presupuesto desconcentrado de la Junta en León. Sus 39 sitiales -41 si se cuentan las esquinas, como en el libro de fábrica- ya no son el rompecabezas de hace un año, sino una imponente estructura de nogal organizada en dos cuerpos laterales de 15 asientos cada uno y otro central de 9 asientos. Madera bien curada, «sin apenas nudos y fendas», y una «gran finura en su ejecución» dan un valor sobresaliente a la obra, señala el arquitecto Ramón Cañas. Para él, la recuperación de la sillería «tiene una relevancia en cuanto a explicación y significación» del origen del templo monástico, aunque ahora «ya no sea el templo de los monjes». La idea de devolverla a su lugar natural, lo más próximo posible al presbiterio, nace precisamente de esta visión de la restauración que pretende recuperar el aspecto de conjunto sin menoscabo del uso litúrgico. Sobre los sitiales se han montado el friso bajo, el respaldo alto y los baldaquinos y sólo falta por ensamblar la crestería para completar el conjunto, que originalmente estuvo sobre el solado de la nave central, como ahora, y en el siglo XVIII se elevó al coro construido en la parte superior de la nave. Cada sitial en su conjunto mide casi cuatro metros de altura y algo más el abacial. El carpintero José Almarza trabaja en las nuevas piezas para reponer partes perdidas de la crestería. Parece que hubiera hablado con el autor de la obra, dice entre risas, y debe ser cierto. Por eso está convencido de que fueron dos las manos artesanas que trabajaron en la obra. Las piezas cilíndricas y cónicas que ha descubierto en los ensamblajes de las paciencias con el sitial delatan a un artesano diestro y a otro zurdo, comenta. Un año después de iniciar los trabajos de montaje, tras una limpieza y la aplicación de tratamientos contra la carcoma, la empresa Decolesa entregará la sillería a la Junta de Castilla y León. El servicio territorial de Cultura en León reserva en los presupuestos desconcentrados del 2003 una partida de 65.222 euros para la restauración llevada a cabo bajo la dirección de los arquitectos Ramón Cañas y Carlos Sexmilo. Para ensamblar el puzle, fue preciso clasificar las piezas que los entusiastas de la asociación defensora del patrimonio encontraron amontonadas. Luego se realizó un inventario de cada una de las 33 partes que componen los asientos o de las que se conservaban. Las marcas de carpintero, roturas y comprobaciones de ensambles dieron pistas suficientes para recomponer la traza completa de la planta de la sillería. Se comprobó entonces que, al completo, sólo faltaban dos sitiales serrados, posiblemente para habilitar pasos por los laterales cuando la sillería se trasladó al coro superior, pero habían desaparecido o eran irreconocibles muchas piezas sueltas «menores». Los daños del desmontaje La restauración atajó en primer lugar la «pudrición parda» y los ataques de carcoma y polilla, más intensos en las zonas que estuvieron en contacto con el terreno. Las humedades que sufrió en este período de almacenamiento, hasta 1997, causaron graves daños en la sillería. También determinaron que algunas piezas se habían roto por ataques de hongos y xilófagos, pero muchos de estos daños se produjeron en el desmontaje, traslado y almacenamiento. Según el arquitecto Ramón Cañas, afectaban «en pequeña escala a alguna pieza mayor y más generalizadamente a espigas, piezas menores, lengüetas...». El puzle completo tenía originalmente unas 3.300 piezas, han recuperado más de dos terceras partes y repuesto el resto. El montaje se ha realizado mediante las técnicas tradicionales de la carpintería de armar, sin clavos, con ensamblajes de caja y espiga, clavijados, cuñas y entrepañados. La restauración no pretende ocultarse las nuevas piezas se diferencian por el tono de la madera. El carpintero estima que ha colocado unas 1.600 piezas de unión y otros 500 repieces. Una vez que los artesanos coloquen la crestería y sea encerada la estructura completa, se plantea como colofón la recuperación del facistol, que se encuentra «en un estado de conservación bastante aceptable pese al último uso que debió tener como gallinero», precisa el arquitecto. El interior de este atril tiene sitio suficiente para que las gallinas acomodaran en él sus niales de paja. La sillería devuelve a Sandoval parte del espíritu monástico, capaz de acercar a los visitantes a la esencia de lo que fue este cenobio del Císter. LEÓN. Ana Gaitero Redacción La nave central de la iglesia del monasterio de Santa María de Sandoval contempla, resucitada, la sillería del coro que los monjes cistercienses mandaron construir en madera de nogal en 1668. Cada sitial costó entonces 32 ducados. La sillería fue desmantelada, con el coro, en los años 80 durante una intervención en el conjunto monástico muy discutida y apenas controlada, que optó, a las bravas, por amontonar la sillería como si fuera un montón de leña para el fuego. Almacenada primero en la sala capitular del monasterio, fue la asociación Promonumenta la que la rescató en 1997 con la esperanza de que el puzzle de madera pudiera recomponerse, como se ha hecho, por fin, después de seis añios y un presupuesto de cerca de 95.000 euros, de los que los 25.000 primeros fueron aportados por Caja España y los 75.000 restantes proceden del presupuesto desconcentrado de la Junta en León. Sus 39 sitiales -41 si se cuentan las esquinas, como en el libro de fábrica- ya no son el rompecabezas de hace un año, sino una imponente estructura de nogal organizada en dos cuerpos laterales de 15 asientos cada uno y otro central de 9 asientos. Madera bien curada, «sin apenas nudos y fendas», y una «gran finura en su ejecución» dan un valor sobresaliente a la obra, señala el arquitecto Ramón Cañas. Para él, la recuperación de la sillería «tiene una relevancia en cuanto a explicación y significación» del origen del templo monástico, aunque ahora «ya no sea el templo de los monjes». La idea de devolverla a su lugar natural, lo más próximo posible al presbiterio, nace precisamente de esta visión de la restauración que pretende recuperar el aspecto de conjunto sin menoscabo del uso litúrgico. Sobre los sitiales se han montado el friso bajo, el respaldo alto y los baldaquinos y sólo falta por ensamblar la crestería para completar el conjunto, que originalmente estuvo sobre el solado de la nave central, como ahora, y en el siglo XVIII se elevó al coro construido en la parte superior de la nave. Cada sitial en su conjunto mide casi cuatro metros de altura y algo más el abacial. El carpintero José Almarza trabaja en las nuevas piezas para reponer partes perdidas de la crestería. Parece que hubiera hablado con el autor de la obra, dice entre risas, y debe ser cierto. Por eso está convencido de que fueron dos las manos artesanas que trabajaron en la obra. Las piezas cilíndricas y cónicas que ha descubierto en los ensamblajes de las paciencias con el sitial delatan a un artesano diestro y a otro zurdo, comenta. Un año después de iniciar los trabajos de montaje, tras una limpieza y la aplicación de tratamientos contra la carcoma, la empresa Decolesa entregará la sillería a la Junta de Castilla y León. El servicio territorial de Cultura en León reserva en los presupuestos desconcentrados del 2003 una partida de 65.222 euros para la restauración llevada a cabo bajo la dirección de los arquitectos Ramón Cañas y Carlos Sexmilo. Para ensamblar el puzle, fue preciso clasificar las piezas que los entusiastas de la asociación defensora del patrimonio encontraron amontonadas. Luego se realizó un inventario de cada una de las 33 partes que componen los asientos o de las que se conservaban. Las marcas de carpintero, roturas y comprobaciones de ensambles dieron pistas suficientes para recomponer la traza completa de la planta de la sillería. Se comprobó entonces que, al completo, sólo faltaban dos sitiales serrados, posiblemente para habilitar pasos por los laterales cuando la sillería se trasladó al coro superior, pero habían desaparecido o eran irreconocibles muchas piezas sueltas «menores». Los daños del desmontaje La restauración atajó en primer lugar la «pudrición parda» y los ataques de carcoma y polilla, más intensos en las zonas que estuvieron en contacto con el terreno. Las humedades que sufrió en este período de almacenamiento, hasta 1997, causaron graves daños en la sillería. También determinaron que algunas piezas se habían roto por ataques de hongos y xilófagos, pero muchos de estos daños se produjeron en el desmontaje, traslado y almacenamiento. Según el arquitecto Ramón Cañas, afectaban «en pequeña escala a alguna pieza mayor y más generalizadamente a espigas, piezas menores, lengüetas...». El puzle completo tenía originalmente unas 3.300 piezas, han recuperado más de dos terceras partes y repuesto el resto. El montaje se ha realizado mediante las técnicas tradicionales de la carpintería de armar, sin clavos, con ensamblajes de caja y espiga, clavijados, cuñas y entrepañados. La restauración no pretende ocultarse las nuevas piezas se diferencian por el tono de la madera. El carpintero estima que ha colocado unas 1.600 piezas de unión y otros 500 repieces. Una vez que los artesanos coloquen la crestería y sea encerada la estructura completa, se plantea como colofón la recuperación del facistol, que se encuentra «en un estado de conservación bastante aceptable pese al último uso que debió tener como gallinero», precisa el arquitecto. El interior de este atril tiene sitio suficiente para que las gallinas acomodaran en él sus niales de paja. La sillería devuelve a Sandoval parte del espíritu monástico, capaz de acercar a los visitantes a la esencia de lo que fue este cenobio del Císter.

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