Una nómina que se amplía a 7 más
Otros santos nacidos en el seno de la diócesis asturicense, aunque con menos renombre que los anteriores, fueron san Adrián, san Valerio, san Gil de Casayo y san Florencio, aunque la tradición también sitúa a otros tres, los obispos Fortis, Salomón y Ordoño. Respecto a san Adrián, llegó a tener una capilla dentro de Astorga en la que fue enterrado. La tradición cuenta que muchos enfermos se acercaban hasta ella para pedir curación a sus dolencias. También san Valerio destacó por su austeridad y dedicación a la fe. Perseguido por un sacerdote llamado Flaino, tuvo que marcharse de su retiro a las montañas de El Bierzo. Su vida estuvo llena de constantes tribulaciones y desgracias, aunque su fe fue inquebrantable y la de cientos de fieles que le veneraban, Murió el 25 de febrero del año 695. Por su parte, san Gil de Casayo, fue abad del monasterio de San Martín de Castañeda, cargo que abandonó para dedicarse a la vida anacorética en las sierras de Casayo, donde murió en el siglo XIII, de edad avanzada. Obtuvo luego el culto como santo y abogado del mal de oídos. San Florencio, por su parte, elevado también a los altares de santo, fue abad del monasterio de Santa Marina de Valverde y después de Carracedelo. Su fallecimiento data de 1152. Los obispos Fortis, Salomón y Ordoño también merecen ser destacados aunque con menos preponderancia que los anteriores, aunque por sus virtudes también gozan de un status notorio.