| Las calles | Pío Gullón |
La señorial Rúa Nueva antigua
Entre la plaza Mayor y la calle de Postas discurre la llamada antaño Rúa Nueva, una de las arterias más características y señoriales de la ciudad. Su antigua impronta estuvo propiciada por el carisma jacobeo, ya que los peregrinos que se dirigían hacia Santiago de Compostela para postrarse ante la tumba del Apóstol, recorrían este tramo tras atravesar la plaza. Antiguamente existió una capilla ubicada en su misma entrada, consagrada al Santo Cristo. Y también un callejón , o calle cubierta, que enlazaba directamente con la plaza de Santocildes. La estampa nobiliaria de la vía quedaba acreditada por multitud de exquisitos detalles que aparecían en cada esquina. Casonas y palacios se daban la mano a lo largo de su distinguido recorrido, mostrando venerables fachadas de piedra. Gran parte de este patrimonio ha desaparecido para siempre, aunque aún perviven bonitos edificios que toman al asalto los ojos del visitante. Los balcones y galerías se suceden en una calle de carácter peatonal, destacando en el primer tramo el bello edificio que luce en la actualidad el número 7. Primeras aceras La mejor evidencia de su decisivo peso urbano es que la entonces Rúa Nueva, hoy Pío Gullón, fue la primera calle de Astorga en la que se pusieron aceras. Efectivamente, en el acta municipal correspondiente al día 3 de enero de 1842 se refleja la colocación de aceras en dicha vía. Un gran paso adelante, pues en 1861 sólo contaban con dichos bordillos las calles que afluían a la Plaza Mayor, aunque no todas estaban empedradas. Los considerados pasos empedrados se fueron mejorando con aceras asfaltadas a principios del siglo XX, a pesar de que hacia la mitad de la pasada centuria calles tan típicas como San Javier, Portería, Padre Blanco o Matías Rodríguez, aún carecían de aceras. Estamos hablando, por supuesto, de la columna vertebral de la vieja ciudad. Y no sólo en épocas relativamente recientes, pues una excavación realizada a la altura del número 5 ha permitido localizar la cimentación de un cubo correspondiente al pórtico norte del foro romano, restos que aparecieron arrasados por las construcciones de épocas posteriores. En una superficie que ronda los 60 metros cuadrados se encontró la cimentación del cubo del pórtico, realizada en opus caementicium, de 1,5 metros de longitud en el tramo despejado. García Prieto Sobre los restos, datados en la primera mitad del siglo I d.C., se hallaron sedimentos con materiales datados en época medieval, en concreto distintas cerámicas. Echando mano del castizo y sabio refranero español, esa auténtica Biblia de lo popular, a tal señor, tal honor . Y es que esta calle tan prestigiosa es la cuna de dos personajes tan reconocidos y admirados como don Manuel García Prieto y don Pío Gullón, actual titular de su rótulo. Efectivamente, en el número 1 de la entonces Rúa Nueva vino al mundo don Manuel García Prieto, el destacado político que llegaría a ocupar puestos de privilegio en los últimos gobiernos de la monarquía alfonsina. Y hacia el centro de la calle, a mano derecha, existió una placa de mármol que hacía mención a los méritos personales de don Pío Gullón Iglesias, gran jurista y financiero que cimentó su fama y fortuna a finales del siglo XIX. Entre otros cargos, que en la próxima entrega les detallaremos con mayor exactitud, fue titular de varios ministerios y gobernador del Banco de España. Pero su mayor contribución a la mejora y embellecimiento de Astorga consiste en que, gracias a su intervención, la ciudad recibiría la subvención oficial del dinero necesario para llevar a cabo la construcción del Palacio de Gaudí, uno de los principales signos de identidad astorganos. La familia Villamil Pero sigamos con el recorrido de esta calle vivaracha y muy transitada, jalonada por múltiples establecimientos comerciales. Sin embargo, antes de encontrar su final en la calle Postas, aún podemos admirar una de las casonas más rancias y nobiliarias que conserva la ciudad. Perteneció en su día a la familia Villamil y todavía pueden verse dos hermosos y rotundos escudos en su fachada. En palabras de don Augusto Quintana Prieto, gran entusiasta del universo maragato, «las piedras nobiliarias, la portada bella y amplia, los balcones grandes, el alero pronunciado de la techumbre, los hierros de balcones y ventanas, todo contribuye a ennoblecer este buen ejemplo de casona solariega que aún conservamos».