Avatares históricos de la muralla
Otro de los grandes hitos paisajísticos de la capital maragata, a la altura histórica de la Catedral o del fantástico Palacio Episcopal nacido de la imaginación de Antonio Gaudí, son esas murallas que nos confirman, a su elegante manera, la remota identidad romana de nuestra bella ciudad. A lo largo del siglo I los soldados imperiales ya construyeron una primera muralla, amparando un recinto de 27 hectáreas que contaba con calles y distintos edificios de carácter público, como el foro o las refinadas termas. Aquel primitivo núcleo urbano iría creciendo en peso específico y social, provocando que el historiador Plinio calificase a la emergente Asturica Augusta como urbe magnífica . Las tropas romanas levantaron una nueva muralla que, con el correr de los siglos, habría de hacer frente a las incursiones enemigas de terribles guerreros como Teodorico, Leovigildo o el brutal Witiza, por citar algunos. La cerca medieval Los destrozos causados por los árabes en el vetusto cinturón de piedra provocarían que, a partir del flujo de peregrinos que cruzaban estas tierras en dirección a la tumba del Apóstol Santiago en Compostela, se edificara la llamada cerca medieval. El obispo Nuño puso manos a la obra en el siglo XIII, acometiendo una compleja y costosa obra que precisó la recaudación de impuestos especiales entre el pueblo llano. Así se reformó el trecho entre Puerta Obispo y Puerta de Rey que aún podemos contemplar en la actualidad, disfrutando del espectacular lienzo jalonado por cubos semicirculares de hasta 6 metros de diámetro. Hacia el año 1520 y como triste consecuencia de los daños causados por la Guerra de las Comunidades, la muralla fue reconstruida casi por completo, siendo la última reforma de relevancia acometida en una de las principales señas de identidad astorganas. De esta forma quedaría establecido el señorial cinturón de piedra, con una longitud de 2.100 metros que rodea casi por completo el perímetro urbano. Y decimos bien lo de casi por completo , pues a lo largo de su trazado aparece, por ejemplo, esta brecha que da nombre a la calle que protagoniza hoy nuestra nostálgica sección. Aunque su ubicación es sobradamente conocida por los astorganos, conviene recordar que tan curiosa arteria, de insólitas características en el mapa capitalino, tiene su origen en la plaza del Arquitecto Gaudí, al lado mismo del cuartelillo de la Policía Local, precipitándose hacia la calle del Perpetuo Socorro. La polémica Efectivamente, el dibujo de la calle rotulada como La Brecha recuerda a una cascada que nace en el núcleo más cerrado e histórico de la ciudad, concluyendo en las vías que le dan acceso. Semejante desnivel queda salvado gracias a unas pronunciadas escaleras, adornadas por una verde panorámica de pinos y flores. Y en la parte superior, a modo de orgulloso y silente centinela, una preciosa casa que sin duda vivió tiempos mejores pero que aún mantiene, a despecho de las arrugas causadas por el tiempo, un velo de ilustre patina. Panorámica de los bisabuelos Echando un vistazo al calendario emocional astorgano, por este mismo lugar discurría en el pasado un concurrido y animado paseo. Nuestros bisabuelos llegaban hasta aquí para contemplar el entonces arrabal de San Andrés y una espléndida panorámica de la extensa vega, comprendida entre los pueblos de Carneros y Sopeña, San Ramón, San Justo y Nistal de la Vega. Y como telón de fondo, las montañas de la Cepeda, el elevado pico de Peña Ubiña y, en los días transparentes y despejados, incluso se divisaban las frondosas riberas que cobijan al pueblo hermano de La Bañeza. Es un lugar, por lo tanto, de nobles y hermosas hechuras, enriquecido con los vestigios del palacio que la familia de los Ovalle tuvieron en la inmediata plazuela de San Bartolomé y que aún se conservaban en el interior de la muralla. La polémica a propósito de La Brecha surge entre los estudiosos al debatir los orígenes de tan curiosa peculiaridad urbana. La explicación tradicional es que se trata de un corte realizado en la muralla a mediados del siglo XIX, cuando se pretendía que la carretera de León a Astorga atravesara la plaza Mayor. Sin embargo según otras versiones, semejante hueco no corresponde a ningún tipo de puerta o postigo, sino que se debe a un desmoronamiento del paramento, tal como defiende el investigador Joaquín Alonso. La controversia está servida.