Diario de León
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MARTÍN MARTÍNEZ
León

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QUERIDO hermano: El fin de semana se trastocó. Te diré una cosa; a mi suegra le gusta Leticia y, con eso, uno parece que queda tranquilo pues es monárquica a machamartillo. Nada más. Entre tanto búscale las cosquillas al Teleno que se nos ha teñido de blanco. El tiempo ha hecho bueno el refrán y los Santos nos han dado nieve en los altos. Así, ahora que la Junta se ha decidido a poner en el mapa la Cabrera con ese golpe de carreteras, somos capaces de subirnos a las barbas del monte sagrado de los astures. Por cierto que ese activo grupo leonés que anda detrás de nuestros rastros lingüísticos, aún no ha tomado el monte con las debidas circunstancias idiomáticas, etnológicas y religiosas que el asunto se merece. Y eso que no te reseño las históricas y económicas, que estas últimas eran las que a Roma le interesaron. Y te digo lo de subirnos a las barbas del Teleno pensando en aquella frustrada carretera por el puerto de El Palo a la espera de que sean una realidad las entradas a la Cabrera por Castrocontrigo, Puente y Fonte da Cova; entonces será el momento de retomar aquella vieja aspiración de César Crespo, que en su día estrangularon en León y Valladolid; en ambas ciudades escurrieron el bulto con la disculpa de «alta montaña», y dejaron de lado aquellos lazos seculares de comercio, amistad y administración, alejando dos comarcas que siempre estuvieron unidas a pesar de la nieve. Pero, hermano, yo no quiero escurrir el bulto. En la última le anduve a Villalba por la idea sobre la declaración de Patrimonio de la Humanidad para la Vía de la Plata; aunque sigo pensando que ha sido una pasada de rosca, propia de quien está en la oposición, todo podrían andarse, o de lo contrario nos vamos a quedar a la luna de Valencia; o sea que nos dejarán al raso y fuera de las murallas. En la carpeta de trabajo, guardo recortes añejos, y haciendo limpieza apareció uno del mes de marzo pasado. Protagonista, un tal Álvarez Cascos, asturiano él y ministro de Fomento entonces, y ahora. Recomiendo a Villalba una aproximación amistosa a tal personaje pues, con seguridad, él podría ser un aval absoluto y determinante para las aspiraciones del leonés. Y si pide ayuda a su correligionario Tinín Areses miel sobre hojuelas, aunque el abrazo de cualquiera de los dos asturianos podría convertirse como aquel del pobre rey Favila. La obsesión de alargar la Vía de la Plata parece algo natural en los astures trasmontanos, ya que Cacos, -Cascos, Cascos, en que estaría pensando- dentro de una lección de historia caminera, que por algo es ingeniero de la cosa, aseguró en la capital hispalense que la Vía de la Plata tiene su kilómetro cero en Gijón y el 800 en Sevilla.Inauguraban entonces un tramo andaluz de la que será autovía, y que se llamará de la Plata. Se congraciaba el asturiano de tener como testigo y concelebrante del acontecimiento al sevillano Arenas. Uno, querido, ciertamente se mosquea ante estas bravuconadas, por lo que estos días que nos han traído sorpresas , se acoge al amparo de una bonita asturianina que un día será la reina de todos. A Leticia se le podía pedir que estudiara el asunto y dejara las cosas un tanto claras; que como periodista sabe mucho de la necesidad de imparcialidad. Claro que sería una nimiedad para pedir tal cosa a una futura reina. No creo lo que acabo de oir a Nolete el muy desconfiado; que ahora esa vía histórica va a prolongarse a Ribadesella por aquello de las raíces de nuestra futura soberana. Que en un tiempo sea sucesora de San Sebastián, Meirás o Palma para el veraneo de unos cuantos advenedizos puede ser, pero nunca se arrogarían lo que la historia no le ha dado. Habrá que volver a Ribadesella antes de que la cambien.

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