Diario de León

El obispo hereje de Astorga

San Dictino, seguidor de las teorías de Prisciliano, abandonó estas creencias para volver a la fe católica y fue nombrado prelado por su propio padre a finales del siglo IV

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Javier Tomé - astorga
León

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Dentro de la modesta y trabajadora barriada de San Andrés, uno de aquellos asentamientos urbanos surgidos en torno al núcleo histórico de la vieja ciudad, discurre la vía dedicada a uno de los varones religiosos más recordados y venerados en Astorga: san Dictino. En realidad no es una sola calle, pues a la derecha de su trazado surge otra mínima arteria rotulada como travesía de San Dictino. Con respecto a su caserío, está compuesto por viviendas de una y dos plantas significadas por una fisonomía más bien humilde, muy características en esta zona que complementa, a su sencillo modo, el sensacional conjunto arquitectónico e histórico de la bimilenaria Astorga. Nacido hacia el año 350, el joven y privilegiado Dictino recibió, en palabras del erudito padre Flórez, «la esmerada educación teológica que pedían sus tempranos dones intelectuales y elocuencia». Era hijo de Sinfosio, que también llegaría a ser obispo de la propia Astorga, aunque su fama provenía al destacar como uno de los más decisivos propagandistas de las teorías heréticas de Prisciliano. Una corriente religiosa que preconizaba la existencia de dos principios antagónicos, el Bien y el Mal, y que gozaba de gran predicamento en la Astorga de la época. Condenados los priscilianos como herejes por la ortodoxia católica, en el año 396 tanto Sinfosio como su hijo Dictino fueron convocados a un concilio en Toledo, donde se les censuró con severidad como seguidores de las erróneas doctrinas de Prisciliano. Por entonces, san Dictino ya estaba considerado como la figura más sobresaliente de la secta. Ordenado sacerdote en plena juventud, sus excelentes dotes intelectuales, el ardor religioso que ponía en todos sus empeños y su excelente talante personal, le hicieron acreedor al apoyo unánime del pueblo maragato. Clamor popular Poco antes del concilio toledano, y debido principalmente al clamor popular, san Dictino fue consagrado obispo de Astorga por su propio padre. Y sus escritos propagandísticos gozaron de amplia difusión entre los adeptos a Prisciliano, destacando un libro titulado Tractatus de Libra . Precisamente san Agustín, en defensa de las tesis oficiales del catolicismo, redactó otro tratado que combatía las enseñanzas de san Dictino en su obra más conocida y polémica. Pero hacia el año 401, los dos religiosos astorganos abjuraron de sus antiguos errores doctrinales y se mostraron dispuestos a volver al buen camino de la fe verdadera, con toda la devoción y humildad exigibles a los nuevos conversos. Según cuentan antiguos cronistas, san Dictino reunió a sus fieles maragatos y se dirigió a ellos con las siguientes palabras: «Oídme, sacerdotes óptimos, y corregidme en todo. Yo condeno en mí mismo el haber dicho que era una misma la naturaleza de Dios y la del hombre. No solamente os pido corrección, sino que condeno cuanto dictó mi presunción en mis escritos. Todo lo desecho sin exceptuar más que el nombre de Dios». Reputación de santo Así permaneció hasta el año 420 al frente de su diócesis en Astorga, dirigiendo los asuntos de la iglesia con tanto acierto que se ganaría merecida reputación de santo. Los que antes censuraban sus escritos heréticos, como san Agustín y san León Magno, hablaban con respeto y admiración de su regreso al redil católico, prodigándole adjetivos laudatorios del calibre a «santísimo, gloriosísimo y poderosísimo patrono». Según una tradición repetida a lo largo de generaciones en nuestra ciudad, el mismo san Dictino trabajó con sus propias manos en la construcción del convento que llevaba su nombre, sito en el barrio de Puerta de Rey y transformado tiempo después en parroquia. Un cenobio que viviría muchas vicisitudes a lo largo de los siglos, hasta su desaparición definitiva durante los tristes avatares de la Guerra de la Independencia, cuando fue pasto de las llamas. Aunque no existe una certeza absoluta sobre la fecha de su muerte, debido a los pocos documentos que nos informan sobre los acontecimientos de la época, suele aceptarse el 430 como año de fallecimiento de san Dictino. Una ausencia lamentada por los necesitados de la ciudad, quienes siempre tuvieron en el santo al mejor de sus benefactores. En su memoria, el día 2 de junio de cada año se festeja a san Dictino como uno de los religiosos más sobresalientes en la diócesis astorgana.

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