El lugar donde nació la ciudad

Abamor Eximiz y su esposa Cendina entregaron a San Genadio el monasterio de El Salvador en el año 932, para que poco más tarde lo destruyesen las tropas de Almanzor

La farola, de 1891, y la torre de la actual iglesia de la plaza de El Salvador

Publicado por
Javier Tomé - la bañeza
León

Creado:

Actualizado:

El confortable y eficaz entramado urbano de La Bañeza cobija auténticos tesoros correspondientes a tiempos pasados, como esta iglesia de El Salvador que es referente de cultura y espiritualidad en nuestra querida capital. Su antiguo y religioso carácter constituyó, en otras épocas ya muy superadas en el calendario de la nostalgia, auténtico polo de desarrollo artístico y económico para toda la barriada que se agrupa en torno a semejante icono de fe cristiana. La verdad es que la estampa actual que presenta la bautizada como plaza del Salvador, en justificado homenaje al templo del mismo nombre, resulta de lo más gratificante. Aún podemos recordar cuando los alrededores de la iglesia estaban igual que una selva virgen, imagen transformada en nuestros días gracias a una bonita panorámica de arbustos, piedras y tierra vista. Una mejora llevada a cabo por la cuadrilla de jardineros municipales allá por la primavera del año 2001. Justo enfrente de la entrada a la iglesia se halla la emblemática y artística farola que luce la venerable fecha de 1891. Y amparando al conjunto, cuatro o cinco casitas de trazado más o menos actual. Hasta aquí la evocación de la plaza del Salvador que se adentra con pujanza y optimismo en el siglo XXI, ya que para rastrear sus orígenes debemos rebobinar la moviola de la historia hasta el año 932, cuando en este mismo lugar existió un antiguo monasterio denominado Sancti Salvatoris , al parecer fundado por el mozárabe Abamor Eximiz. Algunos investigadores aventuran la posibilidad de que dicho monasterio se construyera sobre un antiquísimo castro romano. Es probable, pues resulta evidente que la iglesia de San Salvador se eleva sobre un pronunciado cerro. Pero sigamos con la primera y compleja etapa del antaño monasterio. Existe un documento fechado el 29 de abril del citado año 932 que registra la donación hecha por Abamor Eximiz y su esposa Cendina, cuando entregan al obispo San Genadio de Astorga un monasterio que han construido a su costa. Y lo que es más importante, por primera vez en la historia, al menos que se conozca, aparece el nombre de Vanieça reflejado por escrito. Así se dice que el monasterio estaba próximo al río Ornia, hoy Duerna, en el lugar conocido por Monte Urba y en la villa denominada Vanieça , siendo su función el servir de hospedaje a peregrinos, viudas, huérfanos y todos los laicos que desearan servir a Dios. En cuanto a su advocación, quedaría tutelado por El Salvador. En aquella época reinaba en León el monarca Ramiro II, hijo del mítico Ordoño II y de su primera esposa Elvira Nuña. Y fue entonces, según relata el cronista Sampiro en un documento recopilado por el apreciado y siempre bien informado don Conrado Blanco, cuando ocurrieron extraños acontecimientos que parecían preludiar los desastres que se cernían sobre la comarca. Tristes señales en el cielo Dice Sampiro que en el cielo se vieron señales tristes; hubo un eclipse el 19 de julio, a las dos de la tarde, tan profundo y cerrado que se mudó el día en muy espesas tinieblas, la luz del sol se volvió amarilla y en el cielo apareció una abertura similar a la de una ventana. Y aún más, cometas de extraordinaria grandeza caían hacia la parte del Mediodía. Por entonces el rey Ramiro lograría derrotar a un poderoso ejército musulmán en la batalla de Simancas, pereciendo en la refriega más de 60.000 moros. Don Ramiro murió al poco, siendo enterrado en el monasterio de Destriana que fundara él mismo. Un recinto sagrado que fue arrasado durante la campaña lanzada por los agarenos en el duro año de 987, cuando las tierras leoneses sufrieron la ira del poderoso caudillo Almanzor. El Victorioso, significado árabe de su nombre, tomaría las ciudades cristianas de Zamora, Sahagún, León y Astorga, destruyendo cuantos templos y ermitas encontró a su paso. Este fue el caso del monasterio del Salvador, destruido y abandonado durante los cuarenta años siguientes a la devastadora visita de Almanzor. Gracias a Dios, y nunca mejor dicho, un sacerdote llamado Doney hizo entrega el 10 de febrero del año 1036 a Sampiro, por entonces obispo de Astorga, del nuevo monasterio e iglesia del Salvador, edificado con sus propios medios. Doney realizó en aquella fecha una gran fiesta, feliz por la recuperación de uno de los símbolos religiosos más preciados de la ciudad y cuya larga historia les seguiremos contado.

Cargando contenidos...