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MARTÍN MARTÍNEZ
León

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QUERIDO hermano: Con sólo el lunes, nos ha salido en Astorga una semana redonda. Cerramos, con ella, las dedicaciones a las letras. Verás hermano. Desde la concejalía de Cultura, que comparten Mónica y Paco, se decidió que un día dedicado al libro era cosa escasa; así que tuvimos una semana, involucrando a colegios y colectivos de la ciudad; salió con un final inédito que gratificaría al propio Cervantes; pues en la lectura de pasajes de su Don Quijote arrastraron a una veintena de personas de diferente calaña ; políticos, escritores, artistas y docentes encabezados por el alcalde alternaron con la música que interpretaron profesores del conservatorio. Fue, querido, una velada para el recuerdo, aún más para los intervinientes, cuyos honorarios se evaluaron en un ejemplar -a cada uno claro- de El Quijote ilustrado por Vela Zanetti. Ahí es nada, todo un detalle. Pero el gran regalo nos llegó de León, ha sido vuestro. Sorpresa extraordinaria y bella para los astorganos que acudimos, y berrinche para los que no quisisteis, o no pudisteis venir. Lo cierto es, hermano, que la Asociación de Libreros de León, junto con la Diputación Provincial y el Ayuntamiento leonés, quisieron extender su fiesta del Libro a esta vieja ciudad. Según supimos querían sorprender a Antonio Pereira, y tal vez por ello andábamos todos desorientados por la escasa y, a veces, contradictoria información previa al acto; gratamente, fuimos todos sorprendidos. Porque ni de lejos habíamos soñado los astorganos un fin de semana cultural con un colofón más digno, más entrañable y más querido. Que si Antonio tiene querencia por Astorga, demostrada a cada instante, los astorganos tenemos debilidad por Antonio como el condiocesano más destacado. Porque si él, villafranquino, está orgulloso de la dependencia espiritual y religiosa de este viejo obispado, los astorganos a él, y a su pueblo, los llevamos entrañados de siempre en una conjunción de siglos. A Antonio, casi estoy seguro que, desde aquella su primera vez que pisó estas viejas calles para ir a comprar fuelles a Castrocontrigo, en aquel tren de los tres pitidos de reverencia al señor Obispo. A Villafranca, sin que los astorganos tuvieran en cuenta aquello de la colegiata y sus abades nullius , por las muchas afinidades culturales siempre cultivadas. Recuerda, si no, que el año 1933, después de un apoteósico recibimiento que los villafranquinos hicieron al Cuadro Lírico Astorgano , el concejal Perandones propuso a la corporación dedicar una calle a la villa del Burbia. La actuación dicen que también fue de gran éxito. Bueno, pues sin más ni más, al mismísimo Espíritu Santo desplazó Villafranca, que la calle así nominada se llamaba de Sancti Spiritus. Quedó sentado, en boca del profesor de Literatura y alcalde nuestro, Perandones -no es el de 1933- el valor de la palabra contada en boca de Pereira. Allí mismo en el marco del salón de sesiones, con toda la historia astorgana de testigo, lo dejó bien corroborado Antonio con su luminosa palabra, y esa retranca berciana trufada en gallego, de apellido y ascendencia. Lo que Antonio quería que fuera un agradecimiento del acto, resultó, una vez más, todo un bello cuento hilvanado en los recuerdos personales de una ciudad, y amistosos de astorganos que trató y obispos a los que rindió pleitesía como buen diocesano; aunque se quedara sin la camisa de alguno. Un regalo que se nos hizo corto, por lo que tengo que regañar a Pereira; y es que se nos ha hecho roñica; cuando más colgado te tiene de su palabra dice: se acabó. Y te deja ese regusto que, en llegando a casa, agarras Las peras de Dios , o cualquiera de sus libros, siempre a mano. Y cuanto más lo leo, más convencido estoy. Antonio es un embaucador. Gracias por ello.

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