| Reportaje | Vísperas de una romería emblemática |

Pardomino, para el alma y el corazón

La celebración de San Antonio de Padua convoca a todo el valle de Vegamián a la reunión anual, que congrega a quienes viven a la vera del pueblo, y a los que tuvieron que emigrar

Un momento de una de las procesiones celebradas en Pardomino en los últimos años

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Enrique Alonso Pérez - león
León

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No por repetido, será menos emocionante el reencuentro anual en la campa de Pardomino. Las gentes de Vegamián, inasequibles al desaliento, volverán a llenar el valle con la sonoridad de sus cánticos espirituales en la misa de San Antonio, con el énfasis de sus saludos y abrazos de sincera bienvenida, con las dianas y el folklore nacidos de la entraña leonesa y con ese agradable y apetitoso tufillo de las comidas familiares que llenan el ambiente contagiando sabores a tortilla, embutidos caseros y churrascos a la brasa. Todo ello adobado con los perfumes silvestres de la impresionante flora que da colorido al paisaje de esta época. Hace ya muchos años que los hombres y mujeres de Vegamián asisten a esta entrañable fiesta de San Antonio movidos por el disfrute de la evocación de un recuerdo que a todos les unió, la fiestina popular que congregaba a todos los vecinos, familiares y amigos en torno a la emblemática ermita del Santo de Padua. Ocasión propicia para relajarse de los arduos e intensos trabajos que conllevan las faenas agrícolas y ganaderas del cotidiano vivir en la montaña. Cosas de la diáspora Lejos quedaron ya los primeros sinsabores de la diáspora forzosa que obligó a la disgregación de ocho pueblos que se apiñaban como uno solo bajo el amparo administrativo y acogedor de la cabecera municipal: la villa de Vegamián. Pero la añoranza de otros tiempos, y la dulce nostalgia de un pasado feliz. Aflora en cada conversación, en cada recuerdo compartido con el antiguo vecino, o en los versos espontáneos que alguna vegamianesa, inspirada por el ambiente, dedica a su pueblo en programas festivos: «...fuimos un día obligados/ a tener que abandonarte/ para dejarte muy solo/ triste y agonizante// pero de todos los tuyos/ nadie te puede olvidar/ ya ves que vienen a verte/ aunque lejanos están/» (Natividad G. Carbajo). Soportes humanos Una vez más nos hemos puesto en contacto con uno de los mayores soportes humanos con que cuenta la organización anual de esta fiesta: el dinámico sacerdote que un día ofició en la parroquia de Vegamián, de la mano de su tío y titular, don Eulogio. Hablamos de Florencio Fernández Santos, hoy ubicado en León ejerciendo su apostolado en tareas relacionadas con la juventud por designación el Obispado, y las parroquias correspondientes al alfoz leonés. Sería difícil imaginarse esta fiesta del reencuentro sin la presencia e Florencio. La vitalidad, con algunos achaques superados ampliamente desde su profunda fortaleza cristiana, le llevan a ser imprescindible en el ambiente festivo y romero que definen el día de San Antonio. «Ya tenemos todo preparado» -nos dice Florencio-, «la campa de la fiesta, debidamente segada y acondicionada para el evento. Los adornos propios para engalanar el altar de piedra y el arco de la portalada que se recuperó de la ermita, la campana que repicará, como todos los años para congregar a los fieles a la Santa Misa, y la imagen de San Antonio, que se custodia de forma rotativa en casa de los antiguos vecinos». Que el tiempo nos acompañe y podamos disfrutar del esplendor a que nos tiene acostumbrados el mes de junio.

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