Diario de León
Publicado por
MAITE ALMANZA
León

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NUNCA HUBIERA querido escribir estas líneas, porque José Carmelo Pérez fue el primer periodista que conocí cuando llegué a Astorga. Me abrió la puerta del estudio de la Cope y, con ese gesto, también de un mundo nuevo por el que, al menos durante los primeros meses, me llevó de la mano. No en vano a lo largo de 23 años su voz profunda y llena de matices se coló en las cocinas y salas de estar de numerosos hogares de la capital maragata, La Bañeza y sus comarcas. Pepe Carmelo, como me gustaba llamarlo cada vez que lo escuchaba al otro lado del teléfono, tenía una extraña habilidad para realizar con soltura tareas radiofónicas dispares, aunque se entregó a servir de compañía a los oyentes con un magazine matutino y a difundir las noticias que se producían en el ámbito rural, con cuyas necesidades y problemas se implicó tan fuertemente. Durante los años en los que pertenecí a la pequeña familia de Cope Astorga, para mí fue siempre el periodista ecologista, que comía una manzana cultivada por él mirando al Teleno, durante las pausas en el trabajo, mientras los demás nos abalanzábamos sobre el café solo. Después, tuve la suerte de conservar su amistad, hasta que el pasado lunes nos dejó a todos por sorpresa. Su funeral ayer, en una iglesia abarrotada, dio testimonio de lo que José Carmelo significaba para la sociedad comarcal. Políticos de instituciones locales, provinciales y regionales; una docena de sacerdotes; representantes de asociaciones, empresarios, compañeros y muchos ciudadanos lo despidieron con emoción contenida, aún sobrecogidos por la inesperada noticia de su muerte, que la hizo doblemente cruel. Precisamente ahora, pasado un mes de su vuelta al trabajo tras recuperar las fuerzas mermadas por la enfermedad, cuando más ilusión tenía por continuar, ha tenido que irse. Nos deja, además del dolor, imborrables recuerdos: su estilo personal de hacer radio, su complicidad con el micrófono, su pasión por el trabajo, su colaboración constante con compañeros y principiantes, su vocación de servicio a la comunidad, ... «Servidor fiel y cumplidor», así lo definió ayer José María Álvarez, quien durante años fue su jefe en Cope Astorga, en su intervención durante la misa. La reducida tribu de personas que en Astorga nos dedicamos a este bello oficio de contar ha perdido a uno de sus miembros, y se ha quedado un poco huérfana. Nunca es bueno que los periodistas se conviertan en objeto de la noticia, pero mucho menos por motivos como éste. Gracias por todo y hasta siempre, compañero. Ya te echamos de menos.

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