Diario de León
Publicado por
MARTÍN MARTÍNEZ
León

Creado:

Actualizado:

QUERIDO hermano: Con sello de urgencia. Y para que veas que uno anda metido en harina ésta te va por el sistema electrónico, que no tuve tiempo de hacerlo por el tradicional, el que me gusta. Manuel Arias, Miguél Ángel y muchos más se escacharrarán, y a la vez se quedarán asombrados. Pero así es. Que perder el encanto de rasgar un sobre y repasar renglones es algo que no puede perderse. No es que me adapte a las nuevas técnicas, pues remolón soy a ello, sino que las circunstancias se imponen. Así que toma el café mañanero y mira la pantalla. Ya sé que ayer estuviste en el Conde Luna, en esa multitudinaria concentración en torno a Concha Casado, doña Concha. Bien que lo hemos sentido, pues nos hubiera gustado darle el abrazo que se merece por tanto como ha hecho por todos. Ella ya sabe que, espiritualmente, desde hace muchos años, estamos a su lado. Hubiera sido un placer no sólo por ti, sino por los muchos amigos que os habéis concentrado en torno a ella para expresarle el cariño y el agradecimiento que se merece por sus desvelos, por su constancia, por su insistencia, por el amor que siente hacia esta tierra a la que ha dedicado sus mejores momentos, sin escatimar tiempo, trabajo y anhelos. León, toda la provincia, será difícil que sepa, que sepamos, pagar lo mucho que le debemos a Concha, y devolverle unos míseros intereses de tantos como le debemos por el gran capital intelectual que ella ha puesto a disposición de todos nosotros. Creo que la Diputación Provincial tiene por ahí una medalla que espera, anhelante, un pecho donde ser colgada. Ya me dijeron esta noche, hermano, que allí estabais todos. Que estaban los de la Cabrera donde ella mamó la lengua del pueblo, aprendió los oficios y voló intelectualmente; la Cabrera donde siguen amando el lino y su proceso porque Concha, doña Concha, se empeñó en el museo de Encinedo; donde ha dejado en recuperación blancos palomares de Robledo y viejas casas de Forna; allí, en la Cabrera, donde ella escribió las páginas más bellas y las palabras más auténticas, fedataria de una cultura que se marchaba como el agua en una cesta. Los cabreireses hace tiempo han sabido corresponder a lo mucho que ella les dio cuando la hicieron hija adoptiva de la comarca; no se merecía menos. Me supongo el cabreo que habrá agarrado con lo de la torre de Valdavido y las recriminaciones que habrá lanzado ante el desaguisado. Me dijeron que allí estaban los de Maragatería, tierra mísere donde las haya, que ella ha pateado incansable, aconsejando, exponiendo sus criterios, abroncando a veces, para que supiéramos conservar lo poco que la desgana unas veces, la incuria las más, estaba dejando de lado. Allí estaba Concha, doña Concha. Los de Val de San Lorenzo, los de Santiagomillas, toda Maragatería ha de sentirse orgullosa y agradecida por el trabajo que ella realizó en ambas localidades. La arriería y la industria textil, dos de sus grandes pasiones entre otras muchas, -¿cuántas son las pasiones de Concha?-, tienen su testimonio en sendos museos, algo insólito e impensable hace unos años. Allí estaban los de la Valdería, desde Castrocontrigo a San Esteban de Nogales con regusto de chocolate a brazo y romeria de San Jorge sobre puente de céspedes. Los de La Cepeda que, con su concurso han mantenido alguna palloza y con su ánimo salvaron el torreón de Pernía. No faltaron los del Jamuz, hay que decirlo, su ojito preciado, con ese Martín Cordero, alfarero de una pieza, maestro en humanidades. Ni los tapiadores de la Tierra de Campos. Nadie en la provincia podrá concitar tanta admiración, ni tanto cariño. Sólo Concha; doña Concha. Felicitaciones.

tracking