Diario de León
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MARTÍN MARTÍNEZ
León

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QUERIDO HERMANO: Paz y bien. Cuando recibas ésta habrá nueva Corporación en Astorga, como en el resto de los municipios, salvo raras excepciones. Aquí se consumó lo previsible. Soto, después del calvario particular que sufrió -a punto estuvo de arrojar la toalla- se decantó por la continuidad. Que se haya equivocado, o no, en la nueva modalidad adoptada, será responsabilidad suya. Si hace cuatro años te califiqué la postura de la UPL de sensata, creo que ahora también se le puede aplicar; el maridaje Soto - Peyuca hubiera desembocado en un divorcio seguro a breve plazo; antes, aún, con el pretendido cameo a tres. Dice Nolete, siempre picajoso, que se ha equivocado de concejalía; pero eso se verá con el tiempo. Astorga esta semana, querido, ha saldado una deuda; ha realizado un acto de justicia; sabes que eso de la memoria histórica -que también lo fue- no me hace mucha gracia pues, en numerosas ocasiones, llega cargada de rencor; y eso no debe ser así; aunque, también a veces, se pueda entender. Han pasado muchos años, demasiados, para que la ciudad haya devuelto la honra y la dignidad a quien nunca las perdió: al general Martínez Cabrera. Sí, aquel que en nuestra niñez, cuando supimos que el vecino tenía un caballo que había sido del general Cabrera y lo confundíamos con el homónimo carlista, el del Maestrazgo. Maravillados estábamos de la longevidad del bello ejemplar, hasta que padre nos sacó del error y nos habló del Cabrera de Andiñuela, un alto militar que en 1934, en contra de la opinión del entonces joven general Franco, trajo unas maniobras militares al Teleno. También nos relataba padre lo de Valencia, destacando la injusticia. Por cierto, Angelito Herrero (en el recuerdo) me contó que una comida de campaña, en aquella ocasión, ministro incluido, la sirvió el Hotel Moderno en nuestro pueblo, en la alameda de Calzada. Esas maniobras, y lo mucho que Cabrera maniobró, desde que era «un bizarro capitán» -dicen las crónicas de entonces- a favor de Astorga y Maragatería dieron motivo para que, en ese año de 1934, la ciudad lo nombrara Hijo Adoptivo. Había entonces una Corporación de derechas; en 1936 se impuso un Ayuntamiento, también de derechas claro, pero radicalizado, que acordó retirarle dicho título, entre otros cargos «por traidor a la Patria», eufemismo válido en aquellos años cainitas. Ahora las aguas han vuelto por do solían ir; aunque no se ha llegado a los mil años, para que se cumpliera el refrán, pero casi. Se ha restituido la figura señera del militar ejemplar; se le ha restituido su prohijamiento de la ciudad, y la carretera que desde hace un siglo se llamaba del Val de San Lorenzo, ha pasado a denominarse desde el miércoles, día 13, «Paseo del General Martínez Cabrera». Es camino ese que enfila hacia la Maragatería, tan entrañada en el militar de Andiñuela. Porque he de decirte, hermano, sin duda alguna y pruebas fehacientes existen que Martínez Cabrera estuvo comprometido con Astorga y la comarca; tanto cultural como socialmente. Ahí quedan sus escritos sobre la Maragatería y la ciudad, sus lúcidas conferencias y su participación en cuantos actos culturales reclamaban su presencia, como el Centenario de los Sitios. Ahí quedan, testigos de su preocupación social los llamados «Pósitos» de Foncebadón, Andiñuela, Audanzas y muchos más para ayuda de los agricultores y liberarlos de las garras de los usureros. En ello estuvo codo con codo al lado del obispo Senso y de aquel canónigo, Martínez Juárez, amigo entrañable, aunque políticamente fueran divergentes, que no tanto. Creo que ha sido una restitución justa, en este año de 2007, en el que ya han aparecido dos libros con sendos capítulos biografiando a este personaje; y antes de finalizar el año, estará en otro cuyo título será «Escritores astorganos», o algo así. Justa ha sido la restitución, digo.

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