Paisanos
AQUÍ, EN ESTE PAÍS lacianiego, desde muy antiguo somos un pueblo que siempre abrió los brazos al forastero, tanto que a veces hasta nos los llegaron a partir. Pocos, por no decir nadie se habrá sentido forastero en estos valles, a no ser aquellos que no venían por bien, que llegaban para hacer daño. Laciana recibió, desde los años veinte del pasado siglo, una inmensa marea de gentes que llegaron al reclamo de las minas. Un trabajo duro que muchos no querían, pero todo el que lo intentaba conseguía... Así, poco a poco fue aumentando su población con emigrantes gallegos, asturianos y portugueses principalmente, que hicieron de estos valles su patria. De los cinco mil habitantes se pasó en unas décadas a casi cuadriplicar la cifra. En los últimos tiempos Laciana acogió, igual que antes lo había hecho con los peninsulares, a gentes de otra raza, de otro color, de otro continente, sin dar una sola nota de lo que ahora, los entendidos, llaman xenofobia, racismo, y que no es otra cosa que ignorancia... Pasada aquella cruenta guerra fraticida, este verde país continuó acogiendo gentes de todo tipo y condición. Gentes que hicieron suyo lo nuestro, nuestras costumbres, nuestras alegrías y nuestras penas. Tanto, que algunas de ellas se nos mueren de viejos después de haber sido nuestros, y haberse entregado día tras día en cuerpo y alma. Ese es el caso de un hombre que, venido de la entonces lejana Galicia, nos dejó en pasadas fechas, tras vivir entre nosotros toda una vida de profesionalidad. Don José Romero Vázquez, personaje humano que con su retranca gallega nos curó catarros y otras enfermedades, a través de los años. Primero a lomos de una caballo, después de una moto y luego ya en coche, nunca hubo una hora mala para él, fuese noche o madrugada... Siempre con una historia que contar, hasta de él mismo hacía chanza... Dicen que decía: «cuando llegué era el Gallego, luego don José Romero...». Pues este paisano, al borde de cumplir el siglo, nos dejó, estoy seguro que con una sonrisa bajo su bigote, el pasado 2 de junio, cuando en las verdes brañas de Laciana (las que aún perviven) aun amarilleaban las gritsándanas... Al mismo tiempo, otro paisano, lacianiego siendo ancarés, Benjamín Rubio, escribía retazos de su vida para dejarnos en un libro las vivencias de unas gentes que, como el mismo nunca se doblegaron a dictaduras, y prefirieron echarse al monte o ir a la cárcel antes que rendirse... Benjamín fue de aquellos niños-hombres de la Confederación (CNT) que servían de enlaces entre los maquis y el pueblo allá, en su patria chica de los Ancares. Luego se hizo comunista de los de antes y a comienzo se los años 60 fue uno de los fundadores de Comisiones Obreras. Concejal en el ayuntamiento de Villablino siempre fue un hombre de ideas claras y sin pelos en la lengua. Hoy, desde la altura de sus ochentaytantos. nos cuenta sus vivencias en un libro. Aunque supongo se habrá callado mucho, seguramente todo lo que nos cuenta será de gran interés... Por eso, desde este país lacianiego que se nos muere, estas cuatro palabras amontonadas, quieren ser un sentido homenaje a dos lacianiegos de pro... A «El Gallego», don José Romero en su despedida de este mundo; y a «El Berciano», Benjamín Rubio, en su historia, llena de sentimientos y razones... Laciana, tiene otros personajes que han escrito nuestra historia y no figuran en los libros ni en las páginas web... Estos son dos claros ejemplos de ello..