Un gallo único y singular
Aunque se diferencian una docena de subespecies de urogallo extendidas desde España hasta la taiga rusa, la subespecie cantábrica presenta una serie de especificidades. Además de tratarse de una de las poblaciones aisladas, los menos de 500 urogallos cantábricos actuales sobreviven en bosques caducifolios, donde la dificultad para encontrar el alimento invernal es mayor que en los bosques de coníferas, ya que los pinos y abetos, al conservar sus hojas durante todo el año, proporcionan cierto alimento seguro. De tamaño algo más pequeño que el resto, el urogallo cantábrico se resiente de las transformaciones del entorno a que le somete la acción humana: fragmentación del hábitat, aumento del número de predadores, sobrepastoreo en zonas sensibles..., encontrando otro problema en la evolución del cambio climático, ya que su espartana forma de vida es muy sensible a las pequeñas variaciones. La población más relevante en la Cordillera Cantábrica se encuentra en el Alto Sil, donde, al parecer, las mejores condiciones de disponibilidad de alimento han impedido el descenso poblacional.