Que no tiren cohetes
QUERIDO hermano: Una década ha transcurrido desde que se echó el candado a la azucarera de Veguellina. Creo que oficiaba de consejera del asunto la señora Clemente; al cierre de aquella fábrica prometió, solemnemente, arreglar el desaguisado; que los casi 200 puestos de trabajo que se destruían tendrían respuesta inmediata con la creación de nuevas industrias agroalimentarias en el municipio; así quedaba cosido el roto. Habló de una planta de etanol. Inaugurada está. Dicen que han invertido casi diez millones de euros -uno por cada año de retraso-. No está mal; pero los paisanos de la Ribera y del Páramo que perdieron su puesto de trabajo se quedan a verlas venir. En ese complejo I+D y creo que + I trabajan 14 personas, frente a aquellos 200, algunos de los cuales en el interim se fueron al cultivo de malvas. El de la remolacha, que era un pequeño seguro para el agricultor, está en plena recesión; aseguran que van a tener incentivos con cultivos propicios para la producción del bioetanol ese que servirá para mover sus tractores. Nabos, remolacha forrajera, jatrofa y leguminosas. Ahora que se está cuestionando su eficacia nos vienen con la cebada. Pero, hermano, que no gasten la pólvora en salvas; que no tiren cohetes; que 14 puestos altamente cualificados, aunque saquen etanol de las encinas de Estébanez, nada de leche dejarán en el municipio de Villarejo. Ya me dirás cuántos se quedarán a residir en los pueblos aledaños al polígono. Tal vez los de la limpieza y algún conserje, si es que los necesitan, pues con eso del I+D ya sabes. Y ahora cohetes con artificio incluido, querido. Los pirotécnicos, como es costumbre desde hace 30 años, son de Valladolid. Entre los unos y los otros, o sea PP y PSOE, agarraditos al macho político han montado la traca con las cajas de ahorros. Los responsables de éstas como si se estuvieran vendiendo, a fin de no salir ellos fundidos con la fusión. Herrera, con el asesoramiento maquiavélico de Villanueva, y el advenedizo Oscar López han montado un fogón de alta cocina y baja cama para el revolcón; allí preparan el guiso al alimón que con toda seguridad les proporcionará un pan como unas hostias. El horno, está para bollos y chollos. Los más espabilados se arrimarán a la masera y con sus manos blancas se zamparán sus respectivas raciones, así como las de los impositores a quienes ni siquiera se les ha tenido en cuenta; para qué, hermano, si ellos solitos se bastan y sobran para poner el fuego, la cazuela, el cazo, salpimentar el condumio y despacharlo. Sin remontarnos más allá de cuarenta o cincuenta años, recuerdo las figuras de dos presidentes de la Caja de A. y M. de P. de León: don Emilio Hurtado y don Julián de León. ¿Qué opinarían de los cambalaches que se están montando con la niña de sus ojos? Ellos, a quienes la caja les costaba buenas pesetas de sus propios bolsillos, lanzarían anatema contra todos estos faranduleros que han convertido aquella institución -como las del resto de la región- en un auténtico circo; donde las piruetas y malabarismos son los números más cotizados. Malabares están haciendo Hererra y López para, si es posible, que lo será, cerrar la fiesta con la mayor mascletá nunca vista, seguida de una troná que sí, que nos va a dejar atronaos . Ellos tirarán cohetes, y muchos saldremos chamuscados; eso si no nos cae una varilla en la sesera y a criar malvas para la planta de etanol. Digo.