Reportaje | juan manuel castro
Tarde de letras en el Museo
Merino participó en la conferencias «La Bibliteca del Náugrago» en Sabero
Los escritores José María Meríno y Ernesto Escapa, durante la conferencia el pasado viernes.
De la mano del ciclo de conferencias «La Biblioteca del Náufrago», el premio Castilla y León de las Letras 2009, José María Merino, habló en el museo sobre aquellos libros que mas le han gustado o mas le han influido a lo largo de su vida. Este ciclo, promovido por la Consejeria de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León, alcanza en este año su cuarta edición y lleva a los principales escritores de la comunidad a pronunciar conferencias en todas las capitales de provincia.
En la presentación del acto, el director del museo, Roberto Fernández, destacó que es la primera vez que este ciclo se realiza fuera de una capital, agradeciendo este hecho y significándolo como un buen ejemplo de descentralización cultural.
La presentación de José María Merino al numeroso público que abarrotaba la sala de conferencias del museo, correspondió a otro gran escritor, editor y periodista, Ernesto Escapa. Escapa explicó la larga e intensa trayectoria literaria de Merino. La poesía, la novela, el relato corto, la literatura juvenil, son algunos de ellos, con los que, como recordó Escapa, Jose María Merino ha sido merecedor de importantes premios, como el de la Crítica, el Gonzalo Torrente Ballester o el Nacional de Literatura Infantil y Juvenil.
En su naufragio en la vieja Ferrería, Merino realizó diez viajes a su barco varado, trayendo en cada uno de ellos un libro que fue abriendo para los asistentes. Sin embargo reconoció que la elección de esas obras no había sido fácil y dejar para su hundimiento en el mar tantas y tantas obras literarias importantes, que merecerían ser rescatadas, le provocaba un fuerte desasosiego. Por eso, cada libro rescatado no vino solo, y junto a él Merino fue desgranando decenas de obras de todos los tiempos y autores, todas conectadas entre si. Recordó con cariño las viejas enciclopedias de las que tanto aprendió en las largas convalecencias que sus crónicas anginas le provocaban.
Sorprendió a todos cuando cito a Heidi. Esta niña que tan buenos recuerdos trae a muchas generaciones que disfrutaron con los dibujos creados por la industria japonesa de animación, ya hacia años que había enganchado al Merino niño, cuando leyendo la novela se dio cuenta de que cuando ella abría la casa de su abuelo y contemplaba feliz las montañas, sentía lo mismo que él cuando abandonaba la ciudad para ir de veraneo a los pueblos de León o Asturias.
La poesía no faltó en su barca, de regreso a la fererria, y recordó su niñez leyendo en voz alta para su madre a Rosalía de Castro. Todo un lujo escuchar a Merino leyendo poesía bajo los arcos neogóticos de esta catedral industrial. Cuando todos estaban aún recordando los versos de Rosalía, Machado o Becquer, irrumpió en la sala Don Quijote. El escritor reconoció que nunca entendió de niño cómo a su padre le podía gustar este personaje patético que siempre salía derrotado de todas sus extravagantes aventuras. Tuvieron que pasar los años para que sintiera la cercanía del Quijote.
Tampoco faltó, a preguntas del público, la opinión de Merino sobre la situación actual de la Real Academia de la Lengua, de la que es miembro, y sobre los cambios que esta sufriendo el idioma castellano por su diversidad en Hispanoamérica y por la incorporación de anglicismos. Merino resaltó la salud de nuestra lengua, el enriquecimiento que supone que se hable en tantos países del mundo y no se mostró preocupado por la incorporación de anglicismos, siempre y cuando no se modifiquen las estructuras gramaticales del castellano.