Reportaje | A. Domingo
El premio a una ausencia
Conrado Blanco recibió la máxima distinción de la ciudad en un acto en el que distinguió el impulso que Charo González, su mujer, imprimía a sus proyectos
José Miguel Palazuelo impone la medalla de oro de la ciudad a Conrado Blanco.
Nunca ha ocultado su dolor y ayer, en el acto de concesión de la medalla de oro de la ciudad, Conrado Blanco volvió a mostrar su herida: la ausencia de Charo González, desde hace casi dos años, fallecida repentinamente. «Es para mí uno de los mayores honores, pero lo recibo con tristeza y mucha pena, porque la que era mi ayudante en estos actos, la que me preguntaba qué iba a decir, la que me apuntaba esto y los otro... Pues me encuentro solo», señaló emocionado un entrañable conrado a quien le hubiese gustado «pronunciar un elocuente discurso, como corresponde a la ocasión».
La palabras se tornaron cariño: «Quisiera daros a todos, uno a uno, un abrazo», dijo, y brotaron recuerdos y anécdotas ante un salón de plenos que se quedó pequeño para la entrega del máximo galardón que puede otorgar el Ayuntamiento.
A Conrado Blanco no le faltó el calor de los bañezanos, de su familia y de sus amigos, de Antonio Colinas, el poeta de su Bañeza, Nicolás Miñambres, Martín Martínez, Felipe Pérez Pollán, Laureano Rubio, Alejandro Valderas, Martín Manceñido y otros muchos. Excusó su presencia, por motivos de salud, Margarita Torres.
El alma de los proyectos. «Cuando hace unos años me concedieron la medalla de plata de la ciudad, un periodista bañezano que me conoce bien, dijo que un 70% le correspondía a ella». Señaló el homenajeado en su intervención en referencia clara a la mujer con la que compartió cincuenta años de matrimonio. Sin embargo, buena parte de los méritos que ayer se atribuyeron a Conrado Blanco llevan el nombre de Charo González, pese a su ausencia: el Premio Nacional de Poesía infantil Charo González, la edición de la colección de literatura Charín, la cesión de más de dos hectáreas de terrenos para la construcción de un parque público son algunos de los proyectos emprendidos por el mecenas de La Bañeza desde que falta su mujer, una suerte de engrandecimiento de una ciudad que ayer calificó de sagrada, por ser lugar de descanso de sus padres y de su esposa y por ser la cuna que ama desde un estudio y conocimiento suyo germen del interés despertó su padre, relató ante el auditorio.
La creación de la Cátedra Conrado Blanco de Historia y Cultura Tradicional Leonesas también es un proyecto de los últimos meses, impulsado quizá por la ausencia. Al igual que lo es el noveno tomo de Capiteles para la historia de La Bañeza , que Blanco entregó ayer a los asistentes al homenaje y que ha producido cuando a sus ojos les falta la luz de los libros anteriores.
Si Charo González se merecía el 70% de la medalla de plata de la ciudad es su ausencia la que ha impulsado los proyectos que valen ahora, por lo menos, la misma porción de la medalla de oro.
Una nueva etapa. «El Conrado de hace dos años se acabó. No tengo la vis poética, porque el recuerdo y la pena me invaden», añadió el premiado entre recuerdos de horas pasadas en los diferentes archivos en busca de la historia de La Bañeza, de los envíos de libros de La Bañeza a todos los Institutos Cervantes del mundo, a las embajadas españolas, a las bibliotecas del país. Y todavía queda mucho trabajo por hacer, reconoció ante los presentes.