Diario de León

El castillo de Aguilar, un viaje a la historia medieval del valle de Sabero

La antigua fortaleza, conserva restos de sus defensas y ofrece una impresionante ruta de senderismo

Desde los restos del castillo se pueden apreciar unas vistas espectaculares del valle de Sabero.

Desde los restos del castillo se pueden apreciar unas vistas espectaculares del valle de Sabero.dl

Publicado por
Sabero

Creado:

Actualizado:

El valle de Sabero atesora un patrimonio histórico que va mucho más allá de su pasado minero e industrial. Entre sus enclaves más destacados se encuentra el castillo de Aguilar, una antigua fortaleza medieval levantada sobre un crestón calizo a unos 274 metros sobre el río Esla, al sureste de la localidad de Sabero. Sus restos, todavía visibles en lo alto de la montaña, recuerdan la importancia estratégica que tuvo este enclave en la historia del territorio y lo convierten hoy en uno de los destinos de interés para quienes recorren la zona.

El castillo, que dio nombre al histórico Alfoz de Aguilar, tiene unos orígenes que se remontan a épocas anteriores a la Edad Media. Según la interpretación histórica y arqueológica recogida en los paneles informativos del lugar, este entorno estuvo vinculado a los vadinienses y al antiguo castro de Vegamediana. Los hallazgos arqueológicos permiten relacionar también este espacio con la posible ubicación de la ciudad vadiniense de Vadinia, en un emplazamiento que ofrecía unas condiciones privilegiadas para la defensa y el control del Alto Esla.

La primera referencia documental conocida a Aquilare aparece en un documento de la Catedral de Oviedo fechado en el año 900. A partir de entonces, el enclave figura en numerosos escritos históricos. Su relevancia queda patente también en un episodio ocurrido en 1020, cuando el rey Alfonso V y la reina Elvira, acompañados por el infante don Bermudo y el obispo de León, don Servando, viajaron hasta Sabero para asistir a la firma de la escritura de fundación del monasterio de San Martín de Pereda, promovida por el conde Fernán Flaínez.

Uno de los acontecimientos más destacados vinculados a la fortaleza tuvo lugar en 1202, cuando Alfonso IX ordenó cercar el castillo en el contexto de las disputas sucesorias de la corte. El asedio se prolongó durante más de siete años y estuvo protagonizado por su alcaide, Marcos Gutiérrez, que resistió hasta quedarse prácticamente sin recursos. Finalmente, agotadas las provisiones y sin fuerzas para continuar, entregó las llaves al monarca, que, en reconocimiento a su valentía, le premió con la propia fortaleza.

Aunque el paso del tiempo ha reducido buena parte de sus estructuras, el castillo todavía permite reconocer algunos de sus elementos defensivos. Se conservan restos de la muralla en los flancos norte y oeste, una gran cavidad subterránea de sillería en el centro del recinto y las ruinas de una torre en el extremo oriental, construida sobre el precipicio. Desde este punto, el enclave mantiene su condición de extraordinario observatorio natural, con vistas hacia Sabero, Pico Moro y el valle de San Miguel, en Aleje, además de Peñacorada, Cistierna y la vega del Esla.

Una ruta entre miradores

El interés histórico del castillo se suma a su atractivo paisajístico y senderista. El acceso forma parte de la popular Ruta de los Miradores de Sabero, un recorrido señalizado que enlaza los miradores de El Castro, Vegamediana, Vegabarrio y Retorno. La excursión permite alcanzar la parte alta de la antigua fortaleza en poco más de una hora si se toma como punto de partida el Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León.

Para quienes quieran prolongar la jornada, el valle ofrece otras posibilidades, como los recorridos hacia la Cruz de Sahelices, la Cerra de Olleros, la Camperona de Sotillos, la cueva de Valdelajo o el canal de aguas bravas de Alejico. Una red de itinerarios que permite descubrir un territorio en el que la historia, el patrimonio minero y el paisaje se entrelazan.

La historia del castillo y su entorno ha sido recopilada y divulgada a través de los trabajos del historiador Siro Sanz, el párroco Julio de Prado y el coronel del Ejército Tomás Cembrero, cuyas aportaciones ayudan a interpretar la relevancia de una fortaleza que durante siglos dominó la entrada a la garganta del Esla. Su posición, además, permitía mantener contacto visual con otros enclaves defensivos próximos, como el castillo del Murrial, en Cistierna, y el de Monteagudo, en Fuentes de Peñacorada.

Hoy, el castillo de Aguilar constituye una de las huellas más antiguas del pasado de Sabero y una parada que permite acercarse a la historia del Alto Esla.

tracking