CAPILLOS ARRIBA
Más que bracero, hermano mayor

MARCIANO PÉREZ

El bracero mayor del Nazareno, Emilio Beltrán, coloca a los braceros antes del inicio de la procesión que lideran las ‘tres antiguas’ de la capital.
Es bracero mayor del Nazareno y sin embargo no se colocará bajo una de sus almohadillas en toda la Semana Santa. «Un sacrificio» que contrarresta sirviendo a su amado Jesús de otra manera, junto al seise, al lado de sus ‘hermanos’ y cara a cara con el Señor de León. «Me considero —humildemente— uno de sus cirineos». Es Emilio Beltrán Blanco, papón de los que antes de nacer ya pedían a gritos formar parte de una cofradía. Dicen quienes le conocen bien, que sueña cada día con el negro y el morado. Encontrarle nunca ha supuesto un problema, sólo hay que acercarse hasta Santa Nonia y antes de que el gallo cante aparecerá al menos, tres veces. Eso sí, no esperes que gaste más de un minuto de su tiempo en vanalidades, él está —como otros tantos papones en la sombra— para tirar del carro.
Su tarea —aunque apasiona— no resulta sencilla. A diferencia de otros pasos, el Nazareno cambia de seise cada año por motivos de protocolo, lo que obliga a ‘Milín’ a tallar, igualar y saber de qué pie cojea cada bracero. Conoce como el Padrenuestro los nombres y apellidos de los 94 titulares y también de casi todos los suplentes, dónde puja cada uno o qué marcha ha de sonar en esta o aquella esquina.
Asegura que los braceros «son muy agradecidos», que «siempre dejan sitio a los suplentes —e incluso a hermanos de otros pasos— y que procesionan «en absoluto silencio». «Son ellos los que me hacen sentir grande». Recuerda con nostalgia las procesiones extraordinarias vividas con motivo de la JMJ de Madrid y del centenario del Nazareno. «En la de León pujaron 720 personas divididas en cuadrillas». Fue Emilio, junto a su inseparable escudero Enrique Vinagre, quien talló a todos. La caprichosa lluvia le ha causado más de un disgusto, con lloros de verdadera amargura bajo el capillo. El durante —tanto el Lunes como el Viernes Santo— se le pasa entre asegurar que la puja sea buena, alentando a los braceros, y advertir cualquier contratiempo. El antes y después son menos vistosos pero igual de importantes. Es fácil verle en la secretaría organizando papeles, colocando sobre plano a los braceros una y otra vez... Pero donde de verdad está en su salsa es en plena batalla por lucir, lo mejor posible, a una imagen tan reconocible de nuestra Semana Santa.
Además de bracero mayor desempeña el cargo de abogador, encargándose de que el patrimonio del Dulce Nombre quede a buen recaudo, limpio y presto para la procesión. Y por si fuera poco forma parte del equipo de montaje desde que contaba ocho años. Ahora tiene un poco menos de pelo que entonces —serán los disgustos— pero la misma ilusión de un niño con zapatos nuevos. Los suyos por cierto, siempre de charol.
Ayer volvieron a perseguirle por toda la capilla los suplentes en busca de un hueco de última hora, conscientes de que este viernes la plaza está harto complicada, al menos de inicio. Alguno, tras ser convenientemente escrutado por él, tocó el cielo y pujó la gloria. Es bracero mayor sí, pero sobre todo es un hermano.
CAPILLOS ARRIBA
Más que bracero, hermano mayor