Diario de León
Una manola se descalza para aliviar sus pies en una procesión

Una manola se descalza para aliviar sus pies en una procesión

León

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¡Ay León ciudad callada

que en primavera despierta

entre inciensos y claveles,

y entre lágrimas de cera!

JORGE REVENGA

Tiene que ser penitencia de papona de acera ser madre de papona que quiere ser bracera y espera cada Semana Santa dar la talla para llegar a la Talla. Tiene que ser penitencia de papona de acera que tenga que ir al paso de su Paso y ni una bendita limonada ni una sagrada oblea pueda tomar en santa compañía. Cuelga de la puerta de la habitación la túnica aromada de incienso que perfumó la Soledad por la calle San Francisco, de balcón a balcón, mecida al son de una marcha nazarena. Y tiene que ser penitencia sentir vuestro sentimiento y no encontrar palabras, vosotros, que habéis hecho de ella papona y leonesa, llegada de lejos, de tan lejos, del otro lado del mundo con la promesa de uno mejor. Santo credo.

Cuelga su túnica de la puerta a la espera de que caiga la noche sobre León y sea Jueves y luego el viernes se convierta en Viernes y vuelva a vestir de oro y negro. Pero, ay, papona de acera, el día comienza ayer de noche, del Silencio a la Amargura, de la Agonía a la Ronda del Desenclavo, del Vía Crucis del Perdón al de las Siete Palabras, ‘silencio madre, que llega el Cristo y vienen rezando’. Habrá amanecido Jueves y la papona que sueña con ser bracera se convertirá en papona de acera, y la de acera en atajadora, de procesión en procesión. De la Bienaventuranza y sus pasos al Cielo al Pregón a Caballo de las Siete Palabras recuperado para León entero, y luego corriendo a la Saca, que hay que ver al Nazareno. Del verde de María del Dulce Nombre —’la de las chicas’, dice ella— a las Tinieblas del Desenclavo, de la Sagrada Cena a la Despedida del Gran Poder para ver al ‘Ángel del tupé’ que sale por primera vez en procesión, a la Virgen del Pozo y al Cristo despojado, tan bello que no podrá procesionar así y han tenido que vestir con una túnica, ‘por qué’, pregunta. Y no hay respuesta.

Será Jueves aún y habrá que ir a la Ronda del Nazareno, a escuchar la llamada a la procesión a golpe de esquila, corneta y tambor destemplado, que sepa la ciudad que es el momento, que queden avisados y se levanten los hermanitos de Jesús, que ya es la hora.

Y antes de que amanezca en Viernes, nos cruzaremos quizá con otra ronda de muchas rondas. Será el encuentro del ángel y el diablo, que es noche también de Genaro. Dos mundos en uno. Ella con la promesa del mejor. En ello creo.

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