Jueves
La ciudad del viejo reino
va despacio despertando,
con el paso, azul celeste,
de los bienaventurados.
Oyen de lejos poesía,
a lomos de unos caballos
que anuncian que al día siguiente
nuestro Padre habrá expirado.
Y entre horquetas pedigüeñas,
y entre pasos rebosando
de flores en primavera,
el Jueves sigue despacio.
Un capillo verde oscuro
nos detiene susurrando
que el paso de mil marías
quiere seguir asombrando
a unas aceras repletas
de guiños enamorados
que sueñan con Despedidas
ante un templo milenario.
Y tendremos una Cena,
se apagará un tenebrario,
y las silentes clarisas
recogerán desagravios,
y más tarde, ya en secreto,
el Cristo será enclavado,
para poder, Dios mediante,
más tarde desenclavarlo.
A las doce de la noche,
muy cerquita de Teatro,
cuatro sombras enlutadas
se empeñan en despertarnos.
¡Dejadnos solos! -”decimos-”
¡Queremos seguir soñando!