En La Cueta de San Mateo
MATÍAS DÍEZ ALONSO
P or la carretera hacia el puerto de Somiedo, pasando Vega de los Viejos, antes de llegar a Meroy, parte hacia la derecha una carretera que indica a La Cueta, a seis kilómetros.
El ánimo del viajero ha de templarse de optimismo, de misterio y de alegría. Va a caminar por una cinta asfáltica que se ondula como una serpiente ascendiendo constantemente. Antes de pasar el primer puente sobre el río Sil, toda aquella explanada de prados a mano izquierda, y los paredones y muñones de cimientos desventrados a mano derecha, constituyen el emplazamiento de un antiguo despoblado, Santibáñez de Babia o San Juan de La Cueta de Abajo, que albergó un monasterio de monjas cistercienses, uno de los seis monasterios bernardos en tierras leonesas, con Sandoval, Carrizo de La Ribera, San Miguel de las Dueñas, Gradefes y Otero de las Dueñas, muy bien investigado y descrito por Gregoria Cavero.
A este monasterio pertenecían las tres ermitas de Nuestra Señora de la Asunción, la de Cacabillo y la de Quejo.
El monasterio había sido fundado por Don Fernando II, junto con el de Cúa, bajando Somiedo, entre los años 1157 y 1188. En Cúa aún se aprecia una casona de piedra labrada con torreta de cruces y círculos foliados, que luego compró Sancho Miranda en 1412, cediendo a las bernardas un palacio en Avilés, a donde pasaron las monjas, aunque siguieron conservando la propiedad del Coto Redondo de Santibáñez de Babia hasta la Desamortización de Mendizábal.
El Catastro de La Ensenada sobre Santibáñez se confeccionó el 28 de septiembre de 1752, por el Juez don Pedro Antonio García de Bores y la Guerra. El regidor del Coto era Diego de Cuenllas de La Cueta
Este término del monasterio medía en forma oval medio cuarto de legua de Norte a Mediodía y de Oriente a Poniente la mitad, y en redor dos cuartos y medio de legua, equivalente en extensión a 85 fanegas, 2 cuartales y 8 celemines.
El terreno se regaba con una fuente de curso periódico y el río, que llaman «aguas altas del Miño» y ahora se llama Sil.
Aunque el lugar no es dezmario, por ser de monjas, los vecinos de La Cueta y Meroy que llevan las tierras en arriendo pagan al párroco-abad dos fanegas de trigo y seis fanegas de centeno; 1/3 es para el abad y 2/3 para las monjas de Avilés.
Al santuario de Nuestra Señora de la Asunción pagan los vecinos de La Cueta un foro de 12 reales de vellón y 20 maravedíes.
Hay que pisar este paisaje, que es de una belleza bravía arrebatadora, donde el Sil canta rumoroso entre la caliza al golpear sus aguas torrenteras contra las rocas de sus márgenes. Dos actos muy sugestivos ocurren en la montaña; uno es el cantar de los arroyos golpeando los guijarros del cauce; el otro es el cantar del carro chillón, ese carro celta de ruedas unidas al eje, todo de madera, untado con tocino y con salgueira para que el carro cante. Su música es celestial, ni los mejores equipos de música de los modernos automóviles igualan al chillido sugestivo del carro centella por los valles montañeses.
Un par de kilómetros más arriba encontramos el primer barrio de La Cueta, por nombre Cacabillo, con extensos pastizales. Aquí hay dos puentes medievales y una inmensa casona de piedra de sillería. La ermita también es de piedras de sillerí bien asentada y esculpida en caracol en los ángulos, para hermosear el enteso.
Otro kilómetro más de camino, el Sil se retuerce entre hoces ganando altura, llegamos a Quejo, desierto, la ermita de trazas románicas, arco de entrada muy pequeño, bóveda románica y románicas columnas, todo eso encontramos en Quejo.
Otros dos kilómetros más de subida para llegar al núcleo principal de La Cueta. Pueblo que estaba desierto, casas y corrales cerrados, silencio absoluto, que encoge el ánimo esta despoblación. La iglesia se emplaza a lo alto, bajo la advocación de San Mateo.
Según el referido Catastro referente a La Cueta y realizado el 8 de septiembre de 1752, el término es amplio: una legua de Oriente a Poniente, media legua de Norte a Mediodía y cinco leguas en redor, además de otros terrenos mancomunados con Lago de Babia de cien fanegas y con Somiedo de 400 fanegas. Tuvo 64 vecinos y 55 casas habitables.
Los ingresos comunales sumaban 12.050 reales de vellón y los gastos 10.000 reales, y atienden a muchas actividades religiosas y caritativas. Atienden la taberna por «calle hita».
En la parte baja de la aldea se juntan los dos riachuelos, el Sil y el Cueta, a derecha e izquierda y allí mismo se levanta un hermoso molino harinero.