BREVÍSIMO
Pensar y decir
Leí esta definición de Norbert Elías: «La política es un combate para definir el bien común». Como hoy tiene más de combate que de búsqueda del bien común, urge en el panorama la presencia de una seria política regeneracionista.
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Sólo el amor es capaz de remover las conciencias individuales. Y las colectivas, por supuesto.
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¡Cuánto habla la Iglesia! Sobre todo. Y siempre ex cathedra . Y cuánto debe callar. Por ejemplo, cuánto mató en nombre de Dios y cuánto quiere ahora salvar en nombre de una ideología. Siempre los intereses por el medio. ¡Qué lejos del Evangelio!
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Hemos entrado nuevamente en un proceso insoportable de titulitis -¦ Parece que algunos dan cuerda al mundo para que empiece a girar. Fuera de ellos, el caos y la incomprensión. Es posible que ni siquiera sea su ombligo redondo.
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Muchos políticos, muchos, están definitivamente alejados del ciudadano y se pierden en guerras, discursos y palabrerías que no interesan, para nada, al pueblo. El pueblo no acaba de entender este circo en el que solo se ríen ellos.
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Nada hay más hermoso que la sonrisa de un niño. Pero tampoco existe nada más doloroso que la mirada suplicante de tantos niños como piden pan. La caridad no es la solución. Sí la justicia.
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Lo leí en un hermoso texto del poeta Eduardo Galeano: «Ojalá podamos ser desobedientes cada vez que recibamos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común». Todo va apuntando hacia una nueva revolución , necesaria.
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Hay quien pretende hacer pasar por colectivo el interés propio. Y se predica mártir a los cuatro vientos. ¡Cuánto cinismo esconde la historia y la condición humana!
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Es una gran virtud saber marcharse sin hacer ruido.
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Con frecuencia los caminos hay que hacerlos, trazarlos. O desbrozarlos, que no es poco, empeño que añade, además, la experiencia enriquecedora de la incertidumbre.
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La espera puede hacerse dolorosa cuando está marcada por la inquietud, la duda o la esperanza sin fundamentos.
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De la dictadura del tiempo que pocos esperen que los coloque en su sitio. Sería más exacto decir en el sitio de innegable privilegio que reclaman, por supuesto, por los siglos de los siglos. Faltaría más.
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La desideologización progresiva de la sociedad conduce a una tensión cada día más acentuada. La crispación se hace omnipresente. Una de las consecuencias de esa carencia es la descalificación constante y vergonzosa de los partidos, que, a falta de otros argumentos, apuntan hacia la moralidad del «contrario». Muy mal asunto. Aparte de que ahí no residen las soluciones que la sociedad exige, o necesita, esta batalla de pompas de jabón no es el campo de la teórica nobleza de la lucha política. Cada día más teórica y menos noble. Priman otros intereses. Acaso sólo esos intereses. Qué pena. Cuánta paciencia tiene el pueblo.