Diario de León
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Las risas de mi hermano

Anne Icart. Ed. Maeva, Madrid, 2011. 118 pp.

ALFONSO GARCÍA

He oído con frecuencia que no hay mejor improvisación que una buena preparación. Y lo pienso así también precisamente al finalizar esta lectura, pues detrás de la naturalidad narrativa hay muchas lecturas, mucho mimo y pulcritud. La primera novela de esta francesa de 1968 narra su experiencia como hermana de una persona que sufre una disminución psíquica. Anne, cinco años más joven que su hermano Thomas, relata recuerdos, vivencias e inquietudes, con un verdadero sentido de la tolerancia y una profunda lección de amor: la vida en casa, en el colegio, en el trabajo, con los amigos y familiares-¦, siempre, además, con apreciaciones, juicios y opiniones.

Es verdad que en todo el relato se desprende el condicionamiento de la vida a que se ve sometida la autora, y sus padres, por supuesto, por tal situación. Y, sin embargo, escribe, «tengo un hermano, discapacitado, y yo no me imagino sin él». De él depende no sólo su presente, su futuro también: «Hablo con él [Papá] de tu futuro, que es también el mío. Creo que sabe que puede contar conmigo». Más aún: «Gracias a ti me siento útil. Gracias a ti sé lo que significa amar como una madre. Mi vida tiene sentido. Te vigilo. Velo por ti. Te acepto como eres desde hace mucho tiempo. Aunque no siempre resulte fácil-¦».

En un estupendo ejercicio de la memoria, Anne presenta la película de los recuerdos, incidentes incluidos -”«son recuerdos de cuando éramos pequeños, y luego mayores-¦»-”, desvela sus inquietudes, su postura ante la vida, los intereses que se adivinan, las reacciones que se muestran, la actitud social que en no pocos casos sufre ella por tener un hermano discapacitado, «sobre todo en una sociedad que acepta tan mal la diferencia». Todos estos elementos permiten entender, en alguna medida al menos, la necesidad que tuvo Anne de recurrir a la psicoterapia.

El texto está concebido como una conversación mantenida con su hermano, a quien se dirige, en una manifestación de comprensión, amor y ternura que se respira en todo momento, lo que suaviza con frecuencia la dureza de la situación, especialmente el dolor de la madre, al borde del abismo en algunos momentos.

De una sencillez sorprendente, el detalle, aunque nimio, adquiere valor. Seguramente por la contundencia y claridad de la frase breve, como breves son igualmente los capítulos, que así suman rapidez e intensidad a la historia, diferente.

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