Diario de León

Publicado por
NICOLÁS MIÑAMBRES
León

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La estación perdida

Use Lahoz. Ed. Alfaguara, Madrid, 2010. 536 pp.

El éxito alcanzado con Los Baldrich paree haber llevado a Use Lahoz, de forma tal vez un poco precipitada, a un intento por repetirlo. La estación perdida participa de alguna manera del planteamiento de la obra anterior, pero da la impresión de que el autor no ha sabido administrar el extenso y complejo contenido, lo que provoca una cierta desmesura temática y, a veces, una cierta carencia expresiva: intentar narrar demasiados avatares humanos con una forma demasiado concisa. De ella, por otra parte, no están ausentes usos lingüísticos demasiado elementales y, a veces, no demasiado correctos. De este desajuste surgen probablemente las limitaciones de la obra.

El planteamiento argumental se estructura en seis partes (la última planteada como una suerte de epílogo) sobre elementos humanos delicados: el protagonista, Santiago Lansac (Santiago Cádiar a lo largo de la obra, apellido alusivo al pueblo de su nacimiento) descubre su condición de hijo adoptado, circunstancia comprometida para un personaje nacido en 1945. Su origen familiar se agrava con el trastorno psicológico que el personaje padece, factor humano que puede explicar su extraño y delicado comportamiento. Esta triste situación personal (plasmada en una inocente megalomanía, un incontrolable vicio ludópata y una gratuita transformación de la realidad) es, curiosamente, la clave del móvil narrativo. Si el protagonista no padeciera esta deficiencia personal no hubiera llevado a cabo la gran cantidad de excentricidades que comete a lo largo de su vida y que son la clave del desarrollo argumental: boda, separación, nuevo matrimonio, trabajos diversos, crisis económicas, relaciones humanas con tipos atrabiliarios-¦ y, finalmente, su marcha a Uruguay, destino geográfico difícilmente coherente con su trayectoria humana.

La obra se ajusta con absoluta precisión cronológica a la segunda mitad de la historia española del siglo veinte, pero los hitos históricos, resultan demasiado lacónicos. Ni siquiera la estancia del protagonista en Uruguay (una experiencia difícilmente admisible como recurso novelesco, pero de buenos resultados literarios) salva del todo la calidad literaria de la obra, que finaliza con un desenlace de cierto tufillo folletinesco.

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