Diario de León

Publicado por
ALFONSO GARCÍA
León

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Severina

Rodrigo Rey Rosa. Ed. Alfaguara, Madrid, 2011. 106 pp.

Es una pena que la abundancia de publicaciones, hecho extraordinario, por otra parte, impida con demasiada frecuencia conocer a no pocos escritores que, por esta razón, pasan inadvertidos. Especialmente, en mi caso al menos, con una generación de hispanoamericanos cuyos textos narrativos resultan gratos e interesantes.

Tal es el caso del guatemalteco Rodrigo Rey Rosa, quien, a pesar de su notable obra y el reconocimiento internacional, no es muy conocido entre nosotros. Su último título, el último al menos que conozco, es una novela breve, de prosa sutilmente condensada, casi elíptica, rica e intensa. A veces son razones suficientes para el atractivo. Pero si añadimos, además, la intriga siempre presente y progresiva y una historia envolvente en la que elementos dispares de la vida se incorporan a la narración, tendremos claves suficientes para hablar de la bondad de la obra.

La clave definitiva está en la historia, un delirio amoroso como la definió su autor.

Una mujer llega a la librería. Y roba libros. Reincide. Hasta que el librero, que se daba cuenta, decide llamarle la atención. Estos incidentes no sólo romperán la monótona existencia del librero, sino que le embarcarán, de forma paulatinamente intensa, «en una aventura puramente sentimental» con Severina, la ladrona de libros.

Uno sospecha, intuye o confirma que el amor es básicamente irracional. Y que, por eso mismo, hace difusas las fronteras entre lo racional e irracional, la realidad y la ficción. Hasta el punto de que a nuestro librero, dado como se iban sucediendo los hechos —de forma rocambolesca en algunos casos—, le «hacía pensar que esta historia sentimental había sido un engaño, pero no un engaño llevado a cabo por dos seres humanos para burlar a otro sino un desvarío de mi propia imaginación».

Las circunstancias que rodean a Severina son, como parece lógico, enigmáticas, elemento que acentúa la tensión lectora, por una parte, y nos hace adentrarnos, por otra, en el sentido que tiene la equívoca relación con su mentor, a quien presenta como su abuelo, al tiempo que esperamos que la lista de libros robados nos ayude a entender el enigma de su vida.

Es innecesario desvelar el desenlace de la novela, aunque sirve decir, con palabras del narrador, que «pertenecer a una estirpe que vivía sólo para y por los libros era una idea que me alegraba y también me envanecía».

Una novela fresca, en fin. Con el poder contradictorio del amor como fondo. Muy interesante.

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