Isacio de la Fuente
Isacio de la Fuente derramó lágrimas de felicidad en la inauguración de su reciente exposición en el Instituto Leonés de Cultura. «Quise esperar el momento oportuno, cuando lo que haces y lo que piensas encaja, y te permite acercarte con garantías a un escenario que para mí era como una utopía, una ilusión que ahora he visto felizmente cumplida».

Isacio de la Fuente señala uno de los cuadros de su exposición. «Esa vieja máquina «Singer» tiene una gran importancia plástica en mis recuerdos».
Llegó a León entre lágrimas. Se llama Isacio de la Fuente Martínez, nació en Villamoratiel de las Matas en el año 1955. Desde niño vive en Burgos, donde hizo sus estudios de arte y donde ha realizado toda su obra. A Isacio, el Instituto Leonés de Cultura le dio la oportunidad de presentar sus trabajos en la tierra que le viera nacer, y él lloró, lloró de emoción en el acto de presentación de la retrospectiva que le permitió contactar con los leoneses y que ha titulado Introspección . «Quizá —explicaba— he tardado demasiado tiempo en mostrar mi obra en León. Pero es importante esperar el momento oportuno, cuando lo que haces y lo que piensas encaja, y te permite acercarte con garantías a un escenario que para mí era como una utopía, una ilusión que ahora he visto cumplida».
Posiblemente Isacio será el artista más veterano de cuantos pasen por estas páginas. La razón es que hasta este año era desconocido en estas latitudes. Por eso hemos querido incluirle en esta selección de artistas jóvenes. Y quizá también porque es un hombre de espíritu juvenil y lleno de iniciativas.
Se trata de un artista multidisciplinar. En sus obras puede apreciarse la fusión fructífera de estilos que plantea un ordenamiento dialéctico, como medio de potenciación de las múltiples posibilidades de su desarrollo artístico. Quizá su obra tomó cuerpo a partir de su manifiesto de 1990. «Presenté entonces —dice— un manifiesto en el que hablaba de la forma de entender el arte contemporáneo. Su título era El Arte y la Función del Arte , y en él resumía la aparición de lo conceptual, de la letra, de la palabra, de los elementos importantes dentro de la simbología del arte contemporáneo. Naturalmente también hacía una referencia a la fuerte incorporación de la fotografía, del vídeo y las instalaciones que, sobre todo en ese momento, me obligaron a hacerme una pregunta: ¿para qué sirve el arte? De alguna manera quise dar una respuesta a aquellos que pensaban que el arte había muerto . Puede que desde entonces e incluso antes, el arte esté en la UVI, pero siempre existe alguna salida. Eso es lo interesante. Porque si lo que hacemos es representar algo que íntimamente nos puede emocionar… y si nosotros estamos vivos, es imposible que el arte haya muerto. Si la acción artística es una manifestación de los seres vivos con sensibilidad e inquietudes, no creo que su lugar sea un cementerio».
¿Para qué sirve el arte?
De algunas partes de sus planteamientos teóricos puede surgir la pregunta ¿para qué sirve el arte? ¿Qué valores busca en él el artista? «Para mí —explica— es muy importante. Primero desde un punto de vista intelectual, pero también como elemento de ocio y divertimento. Es una escapada cotidiana y reconfortante del trabajo reiterativo de la docencia. Yo podría practicar algún deporte, pero me refugio en mi estudio y desde allí cuento mi mundo interior. Esto me permite, desde el punto de vista de lo imaginado, viajar por las galaxias o meterme en lo profundo de la tierra. Es algo increíble. Tengo amigos que pasan su tiempo de vacaciones recorriendo los rincones más apartados del mundo y, cuidado, que este es un término muy amplio que comprende todo el planeta Tierra. Pero para mí es más sugerente la idea de poder viajar de manera virtual, sin inconvenientes físicos, sin fronteras, sin problemas políticos ni ambientales. Mis universos interiores son mucho más ricos y libres porque vienen de la memoria colectiva, de algo que tenemos en nuestro interior desde la eternidad anterior, y que debemos descubrir e investigar, en una aventura sin riesgos físicos que te obliga a bucear sin oxígeno en lo más profundo de la mente. Yo tengo una serie a la que he llamado Nebulosas , en la que realmente viajo por el espacio, incluso he creado un mapa celeste de estas lejanas galaxias inventadas. Con ese mundo artificial he hecho un vídeo. En él pueden verse las nebulosas que he pintado con todo detalle y se puede hacer todo un viaje interestelar».
Escuchándole se podría pensar que en lo recóndito de su estudio el artista se siente como un Dios Creador. «Como un Dios… pero con los límites humanos. Sí, ese sentimiento de creador significa un pacto por la libertad. Al cerrar los ojos uno puede sentirse en un momento dado divino, pues… ¿por qué no? En nuestro interior está contenido todo, si miramos a las profundidades ignotas de nuestra mente podemos encontrarnos con el principio y el final del mundo. Todo está allí resumido, pero hay que saber encontrarlo y detenerse en cosas a las que no damos importancia, para que si las miramos con el asombro y la fijeza que merecen, nos lleven a paraísos e infiernos que solamente nosotros mismos nos podemos contar».
El artista se fija en las pequeñas cosas, pero también es capaz de pintar enormes murales de más de 15 metros cuadrados que superan la medida física de lo humano. «Yo hago lo que en cada momento va pidiendo el cuerpo. Estás trabajando en un momento determinado y sin saber por qué decides que hay que hacer algo más grande, algo enorme, y así surgen estos cuadros interminables. Cuando empiezo a trabajar en esas piezas aún no tienen bastidor. Por eso al terminar una parte, un fragmento, algo me pide que continúe la historia y como esas grandes novelas río yo sigo. Para poder llegar a ello me meto en la profesión de los sastres y voy cosiendo un lienzo a otro hasta llegar a esas extraordinarias dimensiones. Normalmente tengo que pintar e ir enrollando la obra, ya que el estudio se me queda pequeño».
Un artista visceral
Dice Isacio que es un artista visceral, que piensa en artista desde siempre, desde que era solamente un embrión. «Yo he ido haciéndome como artista muy poco a poco, desde el mismísimo vientre de mi madre. Ahora vivo en un pequeño pueblo cercano a Burgos, donde tengo un espacio en el que me aíslo y desde el que puedo expresar mi creatividad. Pero en ningún caso he perdido mis raíces leonesas. Recuerdo con cariño mis visitas veraniegas a las casas de mis tíos, eso se queda profundamente grabado. Son etapas en las que lo más importante era jugar, divertirme, como todo niño en vacaciones. Por eso tiene reservados importantes territorios de mi mente que siempre me acompañan, esté donde esté. Cuando voy a Villamoratiel de las Matas y camino por el campo recogiendo piedras quemadas por el sol, o maderas trabajadas por la erosión, lo hago con la intención de llevármelas a Burgos y procurar que de alguna manera puedan incorporarse a mis trabajos. Ahora estoy buscando intensamente una barra de pan quemada, que hable de los alimentos en época de sequía… y sé que está allí, aunque en vez de estar elaborada con harina, tenga un componente mineral, sea un piedra especial de una zona en la que he vivido momentos felices».
En su obra hay momentos que nos hablan de lejanos universos, pero como contraste hay otros que refieren a lo más íntimo, a su familia, a sus padres. «En algunas series —explica— he recreado la imagen de mi madre y de mi padre trabajando, cuidándose el uno al otro. En la titulada Dependencia he intentado poner imágenes a un dilatado periodo de tiempo en el que mi madre cuidaba amorosamente de mi padre, que estaba en una situación de discapacidad. Es algo con lo que puede identificarse mucha gente, ya que cada vez vivimos más años y es más normal encontrarnos en la familia con personas que han perdido parte de sus facultades físicas o intelectuales, y entonces necesitamos ayuda».
En un momento determinado Isacio de la Fuente dejó la pintura comercial, los cuadros impresionistas que hacía, para realizar obras más trascendentes, más conceptuales. Quizá por ello es difícil encasillarle en una corriente determinada, ya que su trabajo ocupa un amplio espectro plástico. «El artista no puede decidir en qué capítulo de la Historia del Arte se incluye su obra. En cada época, en cada momento, sus vivencias le hacen deambular por caminos muy distintos. Yo, ahora mismo, he vuelto a la figuración y no me importa. En esas acuarelas que están hechas entre el 2010 y el 2011, se puede ver una imagen de mi madre cosiendo. Mi madre, cuando yo estudiaba Bellas Artes, cosía para dos sastres. Esa vieja máquina Singer tiene una gran impronta plástica en mis recuerdos. Y con ella he querido hacer un homenaje conceptual al que trabaja y a su instrumento, ahí tiene tanta importancia el instrumento de trabajo como la figura de mi madre».
Luis García dice a propósito de la obra de Isacio y su reciente exposición en el ILC: «Es artista de trabajo denso con el que nos aproxima a la esencialidad del hombre como creador. Una propuesta que al mismo tiempo está tamizada y reestructurada desde el punto de vista externo, ajeno al acto esencial de germinación creativa. La muestra ha reflejado la complejidad y diversidad de un recorrido vivencial y artístico sustentado por una estructura interna de gran coherencia, que sin duda ha servido para aproximar y descubrir a uno de los creadores leoneses más significativos por su trayectoria, así como por sus aportaciones al panorama artístico actual».