Diario de León

Trabajo

«Isabel la Católica es una bendita rareza»

l. Ángeles Irisarri revisa su trilogía sobre la reina de Castilla, «la mejor de nuestra historia».
ISABEL LA REINA.
Ángeles Irisarri.
Editorial Suma de Letras. 816 páginas.
22 euros

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Publicado por
miguel lorenci
León

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La reina Isabel de Castilla es una rareza de nuestra historia; una bendita rareza y un ejemplo». Lo dice Ángeles de Irisarri (Zaragoza, 1947), excepcional conocedora de la soberana católica -«la mejor de nuestra historia, sin duda»- a la que dedicó tres narraciones que ahora revisa y reúne en su único volumen, Isabel la Reina (Suma de Letras). Son más de ochocientas página en las que desentraña el perfil humano y político de esta gran mujer «adelantada a su tiempo, excepcional estadista, gran madre, amante de su infiel esposo Fernando y profundamente católica».

Una figura que ha conocido toda suerte de vaivenes históricos «de modo que para unos es deleznable y para otros una santa, al extremo de proponer su canonización». ¿Era Isabel I una católica fundamentalista? «Era católica como tocaba serlo en aquel tiempo, en el que no se había acuñado este concepto. Tenía fortísimas creencias religiosas, y su intensidad, a la luz de la historia, resulta lógica en un tiempo en el que la inquisición quemaba herejes, brujas y a todos quienes se salieran de la norma o la cuestionaran» explica Irisarri. «Es un personaje ejemplar al que unos vilipendian y otros ensalzan y a quien ya querían hacer santa en vida, según refieren los cronistas. Algo que ella misma tuvo que frenar», explica.

El tesón es para la narradora la mejor virtud de la reina, de la que no quiere señalar defectos. «Perspicaz e inteligente, fue la primera en crear una tupida red informativa que le permitía conocer en 48 horas qué sucedía en cualquier confín de su reino». «Además, se sacrificó por todos, ordenó la corte y protagonizó tras su matrimonio y entronización hitos como la unificación, la expulsión de los judíos o la aventura de Colón». En el descubrimiento de América, «fue más decisiva que Fernando, aunque el dinero lo pusiera el judío Luis de Santángel Vilamarchant, secretario de su esposo».

Irisarri se apoya en otras tres mujeres, nacidas a la misma hora que la reina y en la misma noche de roja luna llena. Dos princesas abulenses, Leonor y Juana, -que pierden a su madre en el parto y son criadas por amas moras-, y María de Abando, hija de madre soltera muerta también el parto, y a la que adopta una bruja vizcaína. Personajes clave en el relato, le sirven de contrapunto para trazar este fresco de una era crucial del medievo «en la que judíos moros y cristianos se soportaron». «Por más que se diga que convivieron, la judería y la morería se separaban a menudo por murallas, como de los barrios cristianos. A veces concelebraban algo, pero cuando tocaba matarse lo hacían sin cuento» explica Irisarri.

«No sé hacer biografías frías y canónicas, necesito de la ficción y de personajes como estas mujeres para hacer atractiva la narración» reconoce la escritora, que desde que abordó la historia de la reina Toda de Navarra ha publicado un decena de novelas históricas. Todas, salvo una, protagonizadas por mujeres. Ha dedicado varios años de su vida desentrañar a un personaje «antipático en mis tiempos de estudiante» y después «apasionante y extraordinario».

«Es la primera mujer que reina y la primera a la que se lo permitieron, algo que le impidieron a doña Urraca tres siglos antes. También es, de lejos, mucho mejor reina que la desastrosa Isabel II». «Reinó con puño de hierro -reconoce Irisarri- pero se hizo querer».

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