Diario de León

El eterno atractivo de los egipcios

la tumba perdida Nacho Ares Grijalbo, Barcelona, 2012. Segunda edición.

Publicado por
nicolás miñambres
León

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Pocos aspectos de la historia antigua han sido fuente tan fértil como la arqueología de la cultura egipcia, tratada desde las perspectivas más variadas y peregrinas, carentes muchas veces de mínimo rigor. No es éste el caso de la obra del leonés Nacho Ares, conocedor riguroso de este mundo, investigador de prestigio y persona conectada con los medios de comunicación más punteros. Todo esto explica la fructífera y eficiente mirada narrativa que se desprende de estas páginas.

El planteamiento cronológico de la novela responde a una visión diacrónica, centrada esencialmente, en tres momentos: la época de Tutankhamón, el año de 1922 (fecha del descubrimiento de su tumba llevado a cabo por Howard Carter) y 1972, año en el que el Museo Británico celebra la Exposición «Los Tesoros de Tutankhamón». Cada uno de esos momentos, tan lejanos entre sí, está representado por un personaje relevante: Tutankamón, Howard Carter y lady Evelyn, hija de lord Carnarvon, amigo y mecenas de Carter. Argumentalmente, la obra presenta un contenido convencional en apariencia. La personalidad de Carter, su intuitiva pasión por lo egipcio y su amistad con lord Carnarvon, son la fuente esencial de la trama. Su obsesión por la cultura le permite al novelista la recreación de la personalidad de Tutankhamón, pero la honradez profesional del arqueólogo dará motivos a situaciones delicadas por la actitud de los oscuros representantes de las esferas oficiales, especialmente Jehir Bey.

La actividad de arqueológica de Carter toma una dimensión especial con el hallazgo del ostracon, una piedra con textos escritos, relacionada el título de la obra, esa misteriosa «tumba perdida». Como en toda novela bien elaborada, existen correspondencias simétricas que la dotan de una estructura narrativa precisa que no debe pasar desapercibida al lector. En este caso, el novelista aprovecha literariamente el tema del ostracon, clave en el desarrollo temático. En relación con esa piedra funciona con sorprendentes resultados la experiencia de lady Evelyn que, en 1972, anciana ya, toma una decisión arrebatada y sorprendente para el lector, esencial en el desenlace de la obra. Un desenlace que el novelista deja en suspenso, con una suerte de juego de espejos literarios en el «Epílogo» y en la «Nota del autor». El lector no sabe qué pensar pero no tiene duda alguna del intenso atractivo de las páginas cuya lectura está finalizando.

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