Diario de León

POESÍA

El amor y su ejército de miedos

las lágrimas del pato donald Ángel Fernández Fernández Editorial Origami, Cádiz, 2012. 86 páginas.

Publicado por
josé enrique martínez
León

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Pudiera afirmarse que la poesía es un canto de amor. El amor supone la existencia de otro, el amado o la amada. La poesía está llena de estos interlocutores mudos, de apelaciones a un tú real o imaginario que acaba figurando el objeto amado para el lector. Probablemente no exista poeta en cualquier lengua que no haya escrito algún poema de amor. La originalidad, por lo tanto, es escasa tema tan universal; pero apenas comenzamos la lectura de los poemas de Ángel Fernández en su libro Las lágrimas del pato Donald , nos damos cuenta de que quiere marcar territorio, decir las cosas de otra manera, aunque también cree un tú imaginario al que se dirigen las palabras de amor: «Me escuchas porque sabes / que estoy hecho de barro». Ese tú no deja de ser generalizador: el tú que uno busca y que acaso encuentra; por eso el poeta puede ser «el camarero del bar donde repostas» o «el portero que te dice buenos días»: «Soy todos para ti». Lo que no podemos pedir a este poeta, y en su primer libro, es que nos descubra algo nuevo sobre el amor tras más de dos mil años de escritura: olvidos, rechazos, dolor, deseo, encuentros, esperas, soledades… Sí nos da, en cambio, una nueva manera de expresar esos temas o esos sentimientos. Así, el desamor es «grito entrecogido sin ventanas», y el desencuentro, «senderos que no quiero recorrer, / caminos que me suben por los pies y las piernas, / llenos de guijarros, que introducen su torpe laberinto / sin señales ni flechas / en un cuerpo que es profundo territorio».

En otra serie de composiciones, el poeta activa el ámbito de los sueños, transformadores siempre de la realidad. En ese ámbito, el cine y sus mitos cobran realidad poética: Brad Pitt, Marilyn, etc. Aquí las palabras gozan de mayor libertad, y la realidad, en contraste, es dura e hiriente, pues «todo es un infierno»: seres desvalidos, la sensación de avanzar a ciegas, postrados, la distancia agresiva entre ricos y pobres, etc.

No es fácil decir dónde habita la poesía; es más sencillo sentirlo. Cada vez más y con más ahínco busco en mi lectura algo que llamo emoción, la emoción poética, el sacudimiento de las fibras más íntimas, sin que a veces nos lo podamos explicar: el porqué la poesía de Ángel Fernández me ha causado un cierto estremecimiento interior. En cualquier caso, un libro primero no es un libro primerizo: hay lecturas abundantes detrás; hay además pensamiento y ganas de decir, hay un poeta.

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