Punset en versión infantil
l. La hija del divulgador científico se atreve ahora con esos «pequeños filósofos» y publica el libro ‘El león jardinero’, ilustrado por Kim Amate. el león jardinero Elsa Punset Ediciones Destino. Ilustraciones de Kim Amate. 12,30 euros.
efe
Puede un león hacerse intimo amigo de un pajarillo hasta el punto de confiarle su mayor secreto? Es la fábula sobre la «fuerza» del amor que plantea Elsa Punset en su debut en los libros para niños, esos «pequeños filósofos», dice, atiborrados de estímulos, sobreprotegidos y a veces descuidados en lo emocional.
El león jardinero, editado por Destino e ilustrado por Kim Amate, ahonda en la «fuerza de los afectos», como el amor y la amistad, al tiempo que reivindica «la magia de lo cotidiano», «de la vida misma», resume Punset en una entrevista con Efe. Protagonista de uno de los fenómenos literarios del 2012 con su libro Una mochila para el universo. 21 rutas para convivir con nuestras emociones, Punset vuelca ahora en el universo de los más pequeños toda su experiencia en el campo de la educación y sus conocimientos en inteligencia emocional. Y pone con este poético texto una «herramienta» en manos de padres y maestros que espera que les sirva para «sentarse con los niños y poder hablar de las grandes emociones». Porque si algo «apasiona» a la hija de Eduardo Punset, el famoso divulgador científico, es «ayudar a la gente a comprenderse y a cambiar», asegura. No hay nada mejor que las fábulas, considera la autora de El león jardinero, para abordar «temas difíciles» como el de la muerte o la pérdida en general, o para hablar de «la fuerza que tiene el afecto en la vida de la gente». «Los niños —afirma— nacen llenos de afecto y pierden capacidad de afectividad y de creatividad a medida que crecen porque se les educa para protegerse y endurecerse, para olvidar que el elemento que va realmente a detonar su capacidad de superar obstáculos es el amor».
Para Punset, «el afecto es una capacidad extraordinaria que tiene el ser humano, que le da mucha fuerza, muchas alas» y, sin embargo, lamenta que no se enseñe a los niños a gestionar sus emociones.
«La educación emocional y afectiva es una de las grandes asignaturas pendientes», subraya la directora del Laboratorio de Aprendizaje Social y Emocional, ubicado en la Universidad Camilo José Cela de Madrid, y coordinadora de un programa especial sobre esta materia puesto en marcha en escuelas de primaria de Madrid, Barcelona, Pontevedra y Almería.