Diario de León

Los tres cerebros de Emmanuel

l. ‘La mujer del espejo’ es un alegato contra la sumisión que conecta a tres féminas «rebeldes a su pesar» de distintas épocas. la mujer del espejo Éric-Emmanuel Schmitt Editorial Alevosía

firma

firma

Publicado por
miguel lorenci
León

Creado:

Actualizado:

Eric-Emmanuel Schmitt (Sainte-Foy-Lès Lyon, 1960) sueña que su cerebro se desdobla en tres. Los intercambia cuando afronta una pieza teatral, una novela o un guion. Filósofo de formación, uno de los dramaturgos y narradores más respetados y de mayor éxito en Francia, publica en español La mujer del espejo (Alevosía). Un relato escindido a su vez en tres. Las historias de otras tantas mujeres de épocas muy distintas unidas por el hilo de la insumisión, la rebeldía y el ejercicio pleno de una libertad que se les niega. Autor de éxitos como El señor Ibrahim y las flores del Corán, La secta de los egoístas o El hijo de Noé, Schmitt denuncia cómo «para una mujer siempre fue más difícil ser ella misma que para un varón». Sosntine que son esos seres «insumisos y que se rebelan contra el sometimiento -como sus protagonistas-, quienes hacen que el mundo avance».

«Es un libro femenino y feminista, porque para ser feminista no hace falta ser mujer, sino abogar por la igualdad», advierte el polifacético escritor que retrata a tres «insubordinadas a su pesar». Mujeres «dulces, amables y abiertas; rebeldes por necesidad y no por naturaleza». Con la estructura musical de una fuga conecta a la plebeya Anne, que vive en la Brujas del Renacimiento, a la aristocrática Hanna, vecina de Viena del psicoanálisis a principios del XX, y Anna, actriz de éxito en el Hollywood de hoy. Tienen la felicidad a su alcance, pero solo en apariencia.

Se la niega la presión que la mujer ha sufrido en todas las épocas, «incluso hoy» de modo que «ellas reclaman sus parcela de libertad». En cada época se desconfía de lo nuevo, como de la música de Mahler, del psicoanálisis de Freud o de la pintura de Klimt hace un siglo.

Los insumisos

«Los prejuicios contra lo nuevo son tan viejos como la humanidad y no acabarán nunca. Como el combate contra la intolerancia y la idiotez, que será eterno» lamenta Schmitt. Él confía mucho más «en las personas y en su capacidad individual de rebelarse y progresar» que en las sociedades «que van a rueda de esas personas que saben cultivar la insumisión que alimenta la libertad y hacen avanzar el mundo». «Son los insumisos los que se cuestionan todo, los que se interrogan, inventan y desvelan la complejidad de las cosas y del mundo; crean espacios de invención y novedad que cambia el mundo» afirma. Choca este alegato contra la sumisión trazado a través tres espíritus indomeñables cuando arrasa entre las lectoras un folletón como 50 sombras de Grey que enaltece la sumisión femenina. «Odio hablar mal de otro libros. Pero creo que productos como ese, muy mal valorado y de éxito fugaz en Francia, alimentan los prejuicios; está concebido para aprovechar la corriente dominante del mercado», lamenta. Su punto de partida es siempre el contrario. «Jamás pienso en el mercado. Dejo fluir el libro que llevo dentro y lo alimento con empatía e imaginación, que es un extraordinario y subestimado método de conocimiento». Para trazar este retrato femenino múltiple «he necesitado toda mi vida, 50 años de observación». «Mi mayor placer es observar a los demás, jugar a ser ellos. Intentar ver el mundo a través de los ojos y la psique de las personas que contemplo» dice este narrador, dramaturgo y cineasta que trata cada registro narrativo como un mundo aparte.

«Me gusta pensar que mi cerebro se divide en tres y que utilizo uno distinto cuando escribo un drama una novela o una película. El teatro es diálogo y no hay tiempo, de modo que abordo un solo problema, una crisis. La novela te da todo el tiempo y permite contar una vida o un destino. El cine me permite salir de la soledad. Querría ofrecer un clase magistral sobre el tema» ironiza el autor de dramas para Delon y Belmondo como Variaciones enigmáticas o Federico y el bulevar del crimen.

tracking